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Enrique Martínez: «Es cierto que un sector de la Iglesia fue timorato frente a la dictadura»

IMG_2216Hay una controversia no dirimida sobre el accionar de los grupos violentos que mataban y morían al servicio de ideales irreconciliables y de discutida legitimidad.

“Es cierto que un sector de la Iglesia Católica fue timorato frente a los crímenes de la dictadura, pero también es cierto que fueron timoratos los jueces. Lo que pasa es que del otro lado había caños de escopeta. Angelelli era jefe de la Iglesia y lo mataron”. La frase fue pronunciada ante este La Voz del Interior por el vicario general del Obispado de La Rioja, Enrique Martínez.

Una forma de reponer la polémica sobre las dos facetas que mostró la Iglesia Católica durante aquellos años de plomo y barbarie: la ­connivencia de algunos jerarcas de sotana con el terrorismo de Estado y la audacia de otros para jugarse la vida en la defensa de su función pastoral.

Hay una controversia no dirimida sobre el accionar de los grupos violentos que mataban y morían al servicio de ideales irreconciliables y de discutida legitimidad.

Pero vale puntualizarlo: sacerdotes como Angelelli, Murias y Longueville, entre tantos otros, no portaban otra arma que la prédica comprometida en favor de los pobres y olvidados, en un régimen de pánico extremo.

El silencio de sectores de la Iglesia sobre sus muertos duró hasta bien entrada la democracia, al punto que hace pocos años el crimen de Enrique Angelelli dejó de ser un falso accidente vial para ser investigado como un crimen perpetrado por grupos de tareas del Ejército Argentino.

38 años después

Cuando Jorge Bergoglio dejó de ser cardenal para convertirse en el papa Francisco, hizo una invalorable gestión para sacar a la luz los viejos archivos que se ocultaban en el Vaticano y que hoy ponen de manifiesto el magro compromiso de la curia romana con los que sufrían el destierro y la muerte.

Así fue que apareció aquella carta que Angelelli había enviado al Estado pontificio para dar cuenta de las persecuciones de las que eran víctimas los curas argentinos que se oponían el régimen dictatorial.

Nadie respondió aquel pedido casi desesperado.

Casi 38 años después, la muerte del obispo puede encontrar eco en la Justicia; las complicidades y los oídos sordos aportaron para que muchos matones de la dictadura se cobijaran bajo el manto de la impunidad.

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