Sobre los hombros el peso de una tristeza, profunda, a la que también llaman adicción. En el andar de los voluntarios y las familias cargando sillas antes de que comience un festejo, la esperanza. La imagen es una de las postales de ayer cuando finalizaba una misa para conmemorar la inauguración de Fazenda de la Esperanza, en finca Potrero de Linares. Antes de compartir un almuerzo, trasladaban las sillas desde donde se ofició una invocación religiosa, hasta los mesones en los que se daría el almuerzo, en un sitio que estuvo abandonado por más de cuatro años.
Según el diario salteño El Tribuno, allí, donde durante mucho tiempo funcionó una colonia que albergaba a personas con enfermedades psiquiátricas, desde ayer está Fazenda de la Esperanza, para la recuperación de jóvenes adictos a las drogas. El Gobierno de la Provincia cedió 130 hectáreas de la finca al Arzobispado de Salta para la puesta en funcionamiento de este espacio que busca, principalmente, dar contención espiritual a las personas, en pos de su recuperación.
Claudio es cordobés y hoy es voluntario de la fazenda. Hace cinco años que no consume drogas y siente que debe transmitir su experiencia por eso viajó a Salta para compartirla y colaborar en la inauguración de la fazenda salteña. «Desde la primera vez que consumí cocaína a la segunda pasó un año, la tercera vez fue a los seis meses, la cuarta a los tres, la quinta al mes y luego fue todos los días. Después, todo el día», cuenta Claudio, que un día supo que el «yo lo manejo» no estaba más. Y pidió ayuda. Quiso internarse y, a poco tiempo de ingresar a un centro de rehabilitación tradicional, un tío le comentó de la existencia de la fazenda y optó por ir allí. «Creía en un Dios que está en el cielo, hasta que entré a la fazenda y entendí que Dios es mucho más terrenal y está entre nosotros y a mí me ayudó a curarme», cuenta Claudio.
Desde ayer, los primeros dos jóvenes adictos están instalados en ese sitio alejado de la zona urbana y rodeado de árboles y cerros que dan a la finca aires de paz. La recuperación se estima en doce meses. La Fazenda de la Esperanza recibe personas de entre 15 y 45 años de edad (excepcionalmente se reciben personas de mayor edad) y les proporciona hogar, alimentación y otras necesidades básicas para que continúen firmes en su camino y puedan recuperarse completamente.
La Fazenda de la Esperanza en Argentina empieza a través de un proyecto del Padre Jorge Pérez, un sacerdote de La Rioja, que conocía a los fundadores y por la problemática de la droga que crecía en su provincia. La de Salta es la séptima fazenda que se crea en el país, luego de dos en Buenos Aires, dos en Córdoba, una en La Rioja y otra en Tucumán.
El método de la Fazenda de la Esperanza es el de, diariamente por la mañana, leer el Evangelio y de allí sacar una motivación espiritual para vivir.
Más voces protagonistas
Domicio Queiroz es brasileño y se recuperó de su adicción hace diez años en una fazenda de su provincia. Regresó un tiempo a su casa y luego decidió convertirse en voluntario. Hoy es el responsable de las fazendas de Buenos Aires y ayer estuvo en Potrero de Linares. «Lo que yo experimenté en la fazenda es algo que nunca encontré en ningún otro lugar. La vida que yo viví luego de recuperarme con mi familia y mi educación, no me llenaba. Así que volví como voluntario, pero me di cuenta que en realidad yo seguía recibiendo allí, más de lo que podía dar», concluyó Domicio.
De la inauguración participaron funcionarios de la provincia, el arzobispo Mario Cargnello, el fundador de la fazenda en Brasil, Fray Hans y voluntarios, personas recuperadas y sus familiares. Además de la invocación religiosa se entregaron diplomas a jóvenes recuperados y hubo música, aplausos y un gran almuerzo.
Cuatro años de abandono
Alrededor de 130 hectáreas de Finca Potrero de Linares fueron cedidas por la Provincia al Arzobispado de Salta, para que los jóvenes cuenten con ese espacio que permaneció cerrado durante mucho tiempo y puedan realizar allí su recuperación de las drogas. El lugar había permanecido cerrado desde agosto de 2010 y debió ser acondicionado en tanto que se encontraba en estado de abandono.
El lugar, en el que funcionaba el centro de salud mental, a unos 30 kilómetros de la capital salteña, no terminó de ser recuperado en cuanto a lo edilicio, pero ya se encuentra en condiciones de ser habitado por las personas que optan por rehabilitarse y los voluntarios y profesionales que darán asistencia y contención para la recuperación.
La vieja postal de olvido comenzó a desaparecer.





