En el estudio de las economías provinciales y de la incapacidad de algunas de generar suficiente empleo de calidad para todos sus habitantes no son pocas las veces que analistas críticos califican a algunas como inviables, adjudicándoles una dependencia inexorable a las asistencias financieras del gobierno nacional para funcionar sin sobresaltos económicos y sociales.
En este sentido se presenta una correlación entre elevado peso del empleo público y trabajo en negro, y la escasez de empresas privadas formales (o en blanco). Es decir, sobra Estado y economía informal y faltan empresas privadas en blanco. Así, las 10 provincias con menor cantidad de empresas formales en blanco por cada mil habitantes son todas del Norte argentino, encabezadas por Formosa que presenta sólo 5, siguiendo Santiago del Estero (7), Jujuy (7), La Rioja (7), Catamarca (8), Salta (8), Misiones (9), Tucumán (9), Chaco (9) y Corrientes (9).
En éstas por lo menos 4 de cada 10 empleados en blanco son públicos (salvo Misiones y Tucumán) y los porcentajes de trabajo en negro son iguales o superiores al promedio del 36% que se verificaba en 2014 según la EAHU (salvo por Catamarca).
Para éstas prácticamente deberían duplicarse la cantidad de empresas existentes para resolver los problemas de peso del empleo público y trabajo no registrado.
El ranking lo encabeza Santiago del Estero, que necesitaría un crecimiento del 131% en su cantidad de empresas formales (105% para bajar el trabajo en negro a la mitad y 26% para incorporar el “exceso” de empleo público), siguiendo Chaco con 129% (106% y 24%), Corrientes con 122% (100% y 23%), Catamarca (101%: 57% y 44%), Salta (97%: 83% y 15%), Formosa (95%: 95% y 0%), Tucumán (90%: 80% y 10%), Jujuy (85%: 68% y 17%) y La Rioja (84%: 76% y 9%).
En el extremo superior CABA es el distrito con mayor cantidad de empresas privadas formales por cada mil habitantes, 46, y en el que menor cantidad de empleados públicos por cada 10 empleos en blanco se registra, sólo 1, situándose además entre las cuatro jurisdicciones con menos trabajo en negro (22%). En este caso para solucionar ambos inconvenientes le bastaría un aumento de sólo el 12% en la cantidad de empresas.
Aunque estas correlaciones resultan obvias, creemos que suele perderse de vista la principal causa de la a veces aducida “inviabilidad” de muchas provincias, especialmente las del norte del país. En este sentido el Estado ya no puede seguir reemplazando al sector privado como principal generador de empleo en las provincias, siendo que ya se presenta un exceso importante que atenta contra la salud de las cuentas públicas.
Será sólo con más actividad privada y creación de empresas privadas que puedan superar la fragilidad de sus mercados laborales y lograr economías que incorporen a todos sus trabajadores en empleos de calidad. Y es aquí donde puede refutarse la creencia de que existen provincias inviables y condenadas al atraso. No hay provincias inviables, hay provincias sin empresas.
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