Los datos alarmantes fueron confirmados por la secretaria de Trabajo provincial, Miriam Espinoza, quien trazó una radiografía letal del Parque Industrial bajo la gestión de Javier Milei. El derrumbe no se detiene: este viernes bajó la persiana definitivamente la textil Vickmoi, dejando a otras 21 familias en la calle. Las plantas operan con hasta un 70% de capacidad ociosa.
La profundidad de la recesión económica y el cambio radical en el modelo macroeconómico nacional continúan desmantelando uno de los polos manufactureros más importantes del norte argentino. Desde el inicio de 2024 hasta la fecha, un total de 12 fábricas cerraron definitivamente sus puertas en la provincia de La Rioja, lo que provocó la pérdida drástica de 4.700 puestos de trabajo directos en el sector industrial.
Los datos, que exponen la velocidad del colapso fabril en la región, fueron oficializados por la secretaria de Trabajo de la provincia, Miriam Espinoza. En una cruda entrevista, la funcionaria analizó el impacto de las políticas de desregulación y caída del consumo tanto en el Parque Industrial de la Capital como en los establecimientos productivos del interior.
«Desde 2024 hasta hoy tenemos 4.700 personas despedidas exclusivamente en la industria. La gran mayoría se concentra en la Capital, pero el drama también golpea con fuerza al interior riojano. Para ser precisos en la estadística impositiva y laboral, no contabilizamos diciembre de 2023, cuando asumió la gestión de Javier Milei, sino que el goteo destructivo comenzó con fuerza desde enero de 2024 en adelante», detalló Espinoza.
El impacto estructural es elocuente si se analiza en términos de proporciones: las 12 compañías que quebraron o decidieron mudar sus operaciones representan casi el 25% del entramado industrial riojano, calculado sobre un universo total de aproximadamente 50 empresas medianas y grandes que registraba la provincia.
El goteo de 2026 y el doloroso final de una textil emblemática
Lejos de encontrar un piso o la esperada «luz al final del túnel», la crisis laboral aceleró su dinámica durante los primeros meses de este año. La titular de la cartera laboral precisó que en lo que va de 2026 ya se registraron alrededor de 1.200 nuevos despidos, impulsados por el cese total de líneas de producción y suspensiones que terminan convirtiéndose en desvinculaciones definitivas.
El emergente más doloroso de este proceso se cristalizó este viernes, con el cierre definitivo de la planta de la firma Vickmoi, una pyme dedicada al rubro del vestido y enfocada en la confección de indumentaria femenina. Con esta decisión, otros 21 operarios se quedaron formalmente sin empleo.
La fábrica poseía una fuerte carga simbólica para la política local, ya que había sido inaugurada y promocionada por el gobernador Ricardo Quintela durante los primeros años de su gestión en el Ejecutivo provincial, como parte de un plan de reactivación de naves industriales ociosas.
«Es un día muy triste, hoy cierra otra empresa del vestido. El desempleo afecta a 21 trabajadores. A diferencia de lo que ocurre en otros cierres más conflictivos, los propietarios de Vickmoi hablaron con el personal hace varios días, explicaron que la falta de ventas volvía la situación insostenible y se comprometieron formalmente a abonar el 100% de las indemnizaciones de ley en un esquema de dos cuotas», señaló la funcionaria.
Capacidad ociosa récord: el fantasma de las persianas bajas
Al evaluar los motivos que arrastran al sector hacia este escenario de desmantelamiento, la secretaria de Trabajo apuntó de forma directa a la brutal contracción del mercado interno impositivo, los aumentos tarifarios y la caída sostenida del consumo de bienes básicos como el calzado y la indumentaria.
El diagnóstico operativo que describió Espinoza refleja que las plantas industriales que logran mantenerse en pie en La Rioja lo hacen bajo un formato de mera supervivencia financiera, con estructuras sobredimensionadas para un mercado interno paralizado:
- Sector Textil y del Vestido: Actualmente las hilanderías y centros de confección están operando con una capacidad ociosa del 70%, lo que significa que las máquinas apenas producen al 30% de su potencial real.
- Resto de los rubros industriales: En sectores como el plástico, el calzado y el metalmecánico, la inactividad de las líneas de producción ronda un promedio del 60%.
«Cuando una fábrica tiene semejante nivel de capacidad ociosa de forma sostenida en el tiempo, empieza a devorarse su propio capital de trabajo. Se vuelve inviable sostener los turnos rotativos, pagar la energía y mantener las dotaciones de personal. Si el rumbo macroeconómico nacional no incorpora una mirada proindustrial y de defensa del empleo en el interior, el achicamiento de nuestro parque va a continuar de manera inexorable», concluyó Espinoza.





