Con los radicales sublevados, peligra el futuro de Cambiemos

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A lo largo de todo el país, el radicalismo naufraga entre la exigencia de que se abran las listas para una PASO sin condicionamientos y la opción de presentarse por separado, ya sea con listas propias o bien formando parte de otra alianza política que constituya una tercera opción efectiva, con posibilidades de alcanzar la victoria. 

La situación estalló finalmente en Córdoba, donde el radicalismo le dio un plazo de horas al gobierno para definir los mecanismos que implementará para la definición de candidaturas. Con dos candidaturas sólidas y bien posicionadas para aspirar a discutir la gobernación con el peronista Juan Schiaretti, las de Ramón Mestre (intendente de Córdoba capital) y del diputado nacional Mario Negri, el radicalismo cordobés “instó” mediante una carta dura y amenazante a la conducción nacional de Cambiemos a reconocer el frente electoral ante la Justicia antes del cierre del año, el 29 de diciembre. Sin embargo, el gobierno, que aspira a imponer manu militari a su candidato, el ex árbitro Héctor Baldassi, dilata insistentemente esa definición argumentando que los plazos legales recién se agotarán el 24 de marzo.

La situación se extiende al resto del país y, sobre todo, a la decisiva provincia de Buenos Aires, donde, como ya informara REALPOLITIK, Ricardito Alfonsín junto con Federico Storani y Juan Manuel Casella avanzan a ritmo acelerado en la construcción de una línea interna, de la que participan también los intendentes Miguel Ángel Lunghi (Tandil), Héctor “Cachi” Gutiérrez (Pergamino) y Carlos Gorosito (Saladillo). Para el caso de no encontrar habilitada la instancia de las PASO dentro de Cambiemos, consideran presentarse con listas propias, sin descartar la alternativa de sumarse a las filas de Alternativa Federal.

Es que, para el radicalismo, la participación en Cambiemos -más allá de las críticas por el ninguneo dentro de los procesos de toma de decisiones, o quizá precisamente por esa razón, lo que le permitió quedar despegado en la mirada pública de las decisiones del actual gobierno- le ha facilitado alcanzar un interesante florecimiento a nivel nacional. En la actualidad, el radicalismo gobierna en tres provincias: Jujuy (Gerardo Morales), Corrientes (Gustavo Valdés) y Mendoza (Alfredo Cornejo), y se evalúa con optimismo la posibilidad de sumar a Santa Cruz, convertida en tierra arrasada por casi tres décadas de kirchnerismo; Formosa, donde el senador Luis Naidenoff cree poder poner en jaque a la continuidad de un Gildo Insfrán, que lleva 24 años de gobierno; Entre Ríos, donde Atilio Benedetti cuenta con perspectivas auspiciosas, sobre todo si Rogelio Frigerio decide dar un paso al costado, y La Rioja, con Julio Martínez magníficamente posicionado tras su victoria en las legislativas de 2017. En La Pampa, el senador Juan Carlos Marino aspiraba a participar de la contienda con ciertas posibilidades de éxito frente a un peronismo fracturado, hasta que el ex futbolista y Pro puro, Carlos Mac Allister, decidió hacerle sentir el rigor del “fuego amigo”, mientras que Alfonso Pratt Gay suma voluntades en Tucumán.

Pero la cuestión es aún más grave, porque la espada más importante del radicalismo, Martín Lousteau, cada vez pone más en duda la sinceridad del gobierno de abrirle las listas para la participación en una interna presidencial. Desde hace meses que el gobernador mendocino Alfredo Cornejo insiste con impulsar su candidatura a la primera magistratura, hasta ahora sin mucho éxito. Pero a situación cambió, ya que el economista no se priva de formular comentarios demoledores sobre las políticas oficiales y hasta se le escucha repetir que no tiene intención alguna de ser el Ernesto Sanz de 2019. 

Sus números son alentadores, ya que arranca con un piso de 12 por ciento en Capital Federal y de 15 por cientos en provincia de Buenos Aires, mientras que los números que manejan los radicales apuntan a que, en provincia, la gobernadora María Eugenia Vidal ha llegado a un 50 por ciento de desaprobación, sólo superada por el presidente Mauricio Macri.

En este contexto, se han multiplicado las conversaciones con el peronismo de Alternativa Federal, a partir del convencimiento mutuo de que sólo será posible superar la gravísima crisis que deberá afrontar el próximo gobierno articulando una alternativa de centroderecha, que incluya al peronismo federal, a radicales y a socialistas en esa empresa de “salvación nacional”. 

“Cambiemos colapsó y la centroizquierda que lidera Cristina Fernández de Kirchner sólo conseguiría potenciar la crisis”, se escucha repetir insistentemente en estos tres espacios políticos. Y, para muchos, una especie de gobierno de “salvación nacional” sería la única opción para que la Argentina pueda tratar de afrontar el futuro con alguna esperanza, cerrando la grieta fratricida que le impusieron Cristina y Mauricio Macri.