La historia de Murias, Longueville y Pedernera, caídos por las balas de la dictadura

Los sacerdotes Carlos Murias y Gabriel Longueville y el laico y catequista sanluiseño Wenceslao Pedernera son los otros tres mártires que serán proclamados mañana beatos, junto al obispo de La Rioja, Enrique Angelelli, todos asesinados durante la última dictadura militar.

Murias nació en Córdoba en 1945, estudió en el Liceo Militar y luego empezó a cursar la carrera de ingeniería. Después de un retiro, entró a la orden franciscana y en 1972 fue ordenado sacerdote.

En 1975 solicitó ir a La Rioja y fue destinado a la localidad de Chamical, donde se desempeñó como vicario parroquial.

“Acá al obispo lo persiguen, a los curas los cuestionan, en cualquier momento nos van a matar”, le escribió a sus hermanos de comunidad poco antes de que lo asesinaran.

Por su parte, Longueville nació en Estable, Francia, en 1931, en una familia campesina de profunda fe católica. 

Tras ordenarse sacerdote en 1957, en 1969 se fue de misionero a las comunidades indígenas de México, donde aprendió el castellano, y en 1971 se incorporó a la diócesis de La Rioja, donde se desempeñó como párroco.

El 18 de julio de 1976 en Chamical, mientras Murias y Longeville terminaban de cenar en la casa de unas monjas, se presentaron hombres uniformados que dijeron ser de la Policía Federal y que les comunicaron que debían acompañarlos a declarar a la capital provincial.

Los llevaron a la base aérea de Chamical, donde fueron torturados durante varias horas y luego fusilados; sus cuerpos fueron encontrados dos días después por un grupo de trabajadores ferroviarios junto a las vías de un tren.

En tanto, Pedernera nació en la provincia de San Luis, donde dejó inconclusos sus estudios primarios y, desde muy joven, trabajó primero en una calera y después en las bodegas Gargantini, en Mendoza.

Casado con Coca Cornejo, con quien tuvo tres hijas, Pedernera participaba activamente de las actividades religiosas, integró el movimiento rural de la Acción Católica y llegó a ser coordinador regional.

En 1972, Wenceslao Pedernera y su esposa conocieron en La Rioja las propuestas del Movimiento Rural para elevar las condiciones de dignidad de los trabajadores, y ese acercamiento le valió que fuera sospechado y estigmatizado como subversivo por la dictadura militar. 

En la noche del 24 de julio de 1976, mientras estaba descansando en su casa de la localidad riojana de Chilecito, fue acribillado por un grupo de hombres delante de su familia.