“Pornovenganza”: empieza el primer juicio en el país por viralizar material íntimo

La Rioja está inquieta y expectante. Se respira un clima de interpelación para la Justicia. Y en la calle predomina una inquietud: qué sucederá con el primer juicio que se realizará por viralizar fotos y videos de la intimidad.

“Hay una grieta en la sociedad, están muy divididas las opiniones, 50 y 50”, dice Angel Albino, mozo de un bar céntrico, atento al único tema de la clientela, ante un caso testigo que marcará un rumbo en la Justicia argentina sobre la violencia de género online.

Este jueves, a las 17.30, en el Juzgado N° 3 de La Rioja, empieza el juicio contra el tatuador Patricio Pioli (36), acusado de divulgar fotos y videos con su expareja, Paula Sánchez Frega (28), mientras mantenían relaciones sexuales. Serán en total cinco o seis audiencias, y el veredicto, que se conocería a mediados de diciembre, será responsabilidad de Gustavo Farías, juez que sufrió en mayo último la muerte de una hija.

Sánchez Frega es la impulsora de una movida inédita al convertirse en la primera mujer que logra llevar a los estrados judiciales a su expareja por un accionar conocido como “pornovenganza” (o “sextorsión”) pero que, en rigor, todavía no existe como delito en el Código Penal argentino.

Por eso, en los expedientes a Pioli se le endilgan dos delitos: coacción y lesiones leves calificadas. Faltas que pueden castigarse con entre dos y seis años de prisión. “Lo van a condenar, seguramente a tres años, pero no irá a la cárcel. El juicio tomó estado público y nacional, hay muchas presiones y el juez Farías sabe que tendrá millones de ojos posados en su resolución”, pronostica un avezado periodista de la capital riojana.

Tatuador calificado, Pioli, que trabaja en la ciudad de San Juan, tiene un nuevo abogado, Juan Carlos Pagotto, quien aceptó “el desafío” hace menos de diez días, después de que renunciara Patricio Moreno Castro “porque la tiene perdida”, según deslizaron algunos portales locales. Frega también cambió de representante: Soledad Varas dejó la causa por pedido de su defendida —¿por una cuestión “ética”?—, y el vínculo entre ellas no habría terminado del todo bien.

Frega y Pioli se conocieron en 2016. A los dos meses de relación, Pioli se fue a vivir a la casa de Frega, a los cuatro meses el vínculo empezó a resquebrajarse por continuas peleas cotidianas que se amplificaban y escenas de celos de ambos lados. A los ocho meses se terminó la relación y lo que siguió fue la pesadilla de la difusión de material íntimo que desembocó en la denuncia oficial.

El joven abogado Sebastián Andrada (28), que conoce las entrañas de la causa, tomó las riendas de la querella. Él, en diálogo con Clarín, aseguró: “Nos vamos a centrar en los dos delitos que se le imputan a Pioli. Hacia allí apunta nuestra estrategia. Por un lado la coacción, que tuvo como desenlace la divulgación de imágenes privadas, y por otro, las lesiones leves calificadas, que le produjeron daños psicológicos a mi defendida”.

Ante la consulta de cómo se comprobará el daño psicológico, Andrada hace saber: “Contamos con pericias y testimonios de profesionales de la Unidad Fiscal de Violencia de Género, además del propio psiquiatra de Frega, que certifican los padecimientos por los que viene pasando desde hace más de dos años”.

La exposición a la que fue sometida Frega tuvo como consecuencia el inicio de un tratamiento psiquiátrico por depresión y trastornos de ansiedad, males que aún padecería. Además de ello, está la cuestión económica, “ya que recién ahora Paula está pudiendo trabajar (en una peluquería)”, indicó su abogado.

El letrado de la víctima, además, contó que la conducta del acusado, en las últimas semanas, se ha tornado inconveniente. “Además de desacreditarla y poner en tela de juicio su equilibrio emocional —dijo Andrada—, hizo público en una entrevista radial que Paula ‘tiene esos comportamientos porque fue abusada sexualmente por su abuelo’. Ella reconoció ese abuso en sus redes, pero él no debió divulgarlo”.

Con 47 años de recorrido en los tribunales, Juan Carlos Pagotto aceptó, a menos de diez días del juicio, aceptar la defensa de Pioli. “Me pareció un caso interesante y, también, un desafío personal. Y además, un amigo de mi defendido trabaja en mi estudio”, reconoció.

Ante el inminente comienzo, Pagotto no vaciló: “Es un juicio político, está claro, que tomó ribetes mediáticos inexplicables y problemáticos, pero yo soy una persona de leyes, no de medios”, confió a Clarín el abogado, a quien le molesta la “nacionalización” del juicio. “Esto no es la batalla de los sexos, es simplemente una cuestión jurídica que hay que resolver donde corresponde”, argumentó.

Sobre qué estrategia llevará a cabo, algo reticente, Pagotto afirmó que “los delitos no están probados y yo en estos días en los que estudié el caso advertí miles de contradicciones de parte de la denunciante, que hizo parcial y subjetiva la acusación. Así que pienso ir por ese camino”.

Entre incisivo y enigmático, Pagotto apuntó contra el juez Farías, quien, en palabras del letrado, “deberá rendir cuentas por su demagogia y por las irregularidades cometidas. Yo soy abogado, no psicólogo, por lo que no puedo interpretar al juez”.

Cuando se le consultó por el supuesto fallo ejemplificador que esperaría la sociedad, Pagotto respondió: “Es un invento de la prensa,

que le encanta titular así, y que se deja llevar por un grupo menor de feministas que tratan de ejercer presión en la puerta de los tribunales gritando e insultando”.

Consultada por este diario, la denunciante contó que fueron dos años complicados, difíciles, “con mucho hostigamiento constante desde la otra parte y de manera pública”. Pero, nunca dejé de luchar por mis derechos como mujer”, dijo, y agradeció el apoyo del movimiento de mujeres tanto de La Rioja como de otras provincias.

Sobre la cuenta regresiva de cara al juicio expresó: “Voy tranquila, no tengo temor ni a los cambios de abogados ni a las estrategias de la otra parte. Me baso en las pruebas que tengo, que son extensas y contundentes”. Y dejó un mensaje para todas las mujeres: “Que no dejen de denunciar y que sepan que la viralización de material íntimo sin consentimiento para ser difundido es una forma de violencia. A mí me tocó vivir la física y la psicológica”.

Finalmente, señaló: “Espero que la Justicia dicte un fallo que sea ejemplar para que este 25 de noviembre, que es el día internacional de la no violencia de género, tengamos alguna vez justicia, por las que ya no están y por mí”.

Patricio Pioli niega que él haya difundido los videos íntimos de su relación con su exnovia. “Jamás lo hice. De ninguna manera haría algo así, además también quedo yo expuesto, ¿para qué haría algo así?”, le contestó el acusado a Clarín. Pioli dice que está sereno interiormente. “Es porque tengo la certeza de que no me pueden comprobarme nada de lo que ella dice”, dice. Aunque también está tenso y desconfía de lo que puede suceder a partir del jueves.

Sí reconoce que hubo amenazas en el contexto de enojos y discusiones. “Pero tampoco soy Bin Laden, loco. ¿Quién no dijo cosas así en una pelea de pareja? Incluso nos dijimos cosas peores, y ella no se quedó callada nunca”, describió molesto el tatuador. Además, aseguró que su anterior abogado le había dicho que él no podía hacer nada y que había una “orden de arriba” para que lo condenaran. “Imaginate cómo me siento, no veo la hora de que esto termine de una vez”, dijo.

Sobre la relación sentimental con Pioli, contó: “Yo pensé que la iba a poder cambiar, pero el problema era su enfermedad. Tenía, tiene, muchos problemas psiquiátricos, y yo la ayudé mucho, estuve con ella, la banqué, la contuve en sus ataques de celos y yo hice que ella volviera a salir a la calle, porque vivía encerrada por los efectos de las pastillas que tomaba”.

Enojado, Pioli engranó contra los medios “que —dice— la apañan, la protegen, que no exhiben sus audios violentos hacia mí y la dejan como la víctima. Ya está, esto es una cuestión política, no va a cambiar, está todo sucio en La Rioja, nido de corrupción en todas las esferas”.