Desde el Ministerio de Salud provincial advierten sobre la importancia de la «media hora de oro» para asistir a las víctimas. Cómo distinguir a los ejemplares peligrosos y por qué se recomienda ir directo al hospital y evitar las salitas de barrio.
La temporada de calor encendió las alarmas en el sistema sanitario de La Rioja. En lo que va del año, ya se registraron más de 400 atenciones médicas por picaduras de alacranes. La cifra fue confirmada por el coordinador de Animales Ponzoñosos del Ministerio de Salud, Cristian Bizzotto, quien instó a la población a extremar las medidas de prevención en los hogares.
El funcionario aclaró una confusión habitual: no existen alacranes «buenos o malos», ya que todos poseen veneno para cazar. La distinción clave es entre peligrosos y no peligrosos para el ser humano. Los ejemplares de importancia médica en Argentina pertenecen a la familia Buthidae y se caracterizan por tener pinzas finas y un aguijón con una segunda espina visible (apariencia doble). En cambio, los alacranes silvestres, cuya picadura es dolorosa pero generalmente no letal, tienen pinzas gruesas y un solo aguijón.
La «media hora de oro»
Ante una picadura, el tiempo es vital. Bizzotto enfatizó el concepto de la «media hora de oro»: cuanto antes se reciba atención, mejor es el pronóstico. La recomendación oficial es tajante: no acudir a los centros de salud barriales (caps), sino dirigirse inmediatamente a los hospitales de referencia.
«Donde están los antídotos es en el hospital», explicó el especialista. Además, los casos graves requieren monitoreo en una Unidad de Terapia Intensiva, equipamiento que no está disponible en las salas de primeros auxilios. En la Capital, los adultos deben ir al Hospital Vera Barros y los niños al Hospital de la Madre y el Niño.
Las cañerías como «autopistas»
El Ministerio detalló que los alacranes suelen utilizar los desagües y cañerías como vías de tránsito para ingresar a las viviendas. «Las usan como autopistas», graficó Bizzotto. Por ello, es común encontrar estos arácnidos en bachas de cocina, resumideros de baños o incluso escondidos en esponjas húmedas.
Para prevenir accidentes, se aconseja colocar rejillas antiinsectos, burletes en puertas y ventanas, y evitar caminar descalzos por la noche. Los grupos de mayor riesgo son los niños —debido a su menor masa corporal— y los adultos con patologías previas como diabetes o problemas cardíacos.





