Sonia «Negrita» Soria, trabajadora del lavadero del Hospital Herrera Motta, cumple prisión domiciliaria tras una denuncia por daños de un compañero. Asegura que el juez Jorge Jalil ordenó su arresto sin mostrarle la orden y denuncia una persecución interna por tirar colchones en mal estado.
La comunidad de Chilecito, en La Rioja, se encuentra conmocionada por la detención de Sonia «Negrita» Soria, una histórica empleada del servicio de lavandería del Hospital Herrera Motta. La mujer se encuentra privada de su libertad desde el pasado martes 25 de noviembre, acusada de haber rayado el vehículo de un compañero de trabajo, Daniel Forgerini, en el marco de una disputa por el estacionamiento en el predio de salud.
Soria, quien pasó las primeras 48 horas en una celda de la Comisaría de la Mujer y actualmente cumple prisión domiciliaria, calificó el accionar judicial como desmedido. «Hace 8 días que estoy acá por un simple rayón de auto», declaró en una entrevista reciente, visiblemente afectada.
La trabajadora relató que el conflicto se originó porque Forgerini estacionaba su vehículo bajo el tendedero de la lavandería, entorpeciendo su labor y ensuciando la ropa limpia. «Reiteradas veces se le dijo: ‘No estacione, dejen de hinchar las pelotas’, pero lo tomamos como una burla», explicó Soria sobre la tensión previa a la denuncia.
Un arresto polémico y «con prepotencia»
La detención fue ordenada por el juez Jorge Jalil, magistrado de la causa. Según el testimonio de la acusada, el procedimiento policial estuvo plagado de irregularidades. «Nunca me mostraron la orden judicial. Me vinieron a buscar y me sacaron de la casa con una prepotencia terrible», denunció.
Soria detalló que, al momento de ser fichada en la comisaría, ni siquiera le permitieron leer lo que firmaba. «No me dejaron llevar mis lentes para leer nada. Me pintaron los dedos y me hicieron firmar un papel», aseguró, cuestionando la falta de garantías durante el proceso.
El trasfondo: la «guerra de los colchones»
Más allá de la denuncia por daños al vehículo, Soria vincula su situación procesal con un conflicto interno en el hospital relacionado con la salubridad. Días antes de su detención, la empleada había desechado una serie de colchones del sector de internación por considerarlos un «foco infeccioso», lo que le valió un cruce con el cardiólogo Carlos Córdoba.
«Te prohíbo que me toques un colchón más, ya mandé a comprar forros», le habría recriminado el médico, según palabras de Soria. Ella, sin embargo, se mantuvo firme en su postura: «No se equivoque señor, acá esos colchones no sirven, están podridos y los voy a tirar».
La defensa y la propia acusada sostienen que la medida de coerción es insólita para un delito de daños menores. «Por un rayón, estar detenido… la verdad que me llama poderosamente la atención. Son hechos excarcelables», concluyó Soria, quien además padece una condición oncológica que agrava su situación de encierro.





