El gobernador de La Rioja reunió a su equipo con una orden clara: achicar la estructura del Estado y avanzar con la venta de las empresas SAPEM deficitarias. Por primera vez no participó Armando Molina, una pieza clave del poder local.
El gobernador Ricardo Quintela encabezó este miércoles una reunión de gabinete de alto voltaje político en la residencia oficial, marcada por un hermetismo extremo y directivas económicas que prometen sacudir el tablero provincial. Sin embargo, más allá de los anuncios de austeridad, la jornada dejó un dato político que encendió todas las alarmas en el peronismo local: «Lo que llamó la atención es que no estuvo Armando Molina».
Según fuentes consultadas, «es la primera vez que no participa» el dirigente de confianza del mandatario en una mesa chica de estas características, lo que desató inmediatas especulaciones sobre la interna oficialista y el reacomodamiento del poder en La Rioja.
Sin teléfonos y con la «tijera» en mano
El clima del encuentro fue de tensión y disciplina. Para evitar filtraciones en tiempo real, el gobernador impuso una regla de hierro a sus ministros y secretarios: «Los hacen dejar los teléfonos» antes de ingresar, blindando así las conversaciones sobre el delicado momento económico.
El eje central de la reunión fue la economía. Quintela bajó una línea directa de «reducción del gasto severo», instruyendo a sus funcionarios a ejecutar un «achique de la estructura gubernamental». La orden implica revisar organigramas y fusionar áreas para optimizar recursos ante la escasez de fondos.
El fin de un tabú: venta de empresas estatales
Quizás el punto más disruptivo de la jornada fue la decisión de avanzar sobre las empresas estatales, una de las banderas históricas de la gestión riojana. El mandatario habilitó la discusión para la «venta de SAPEM deficitarias», marcando un giro pragmático. Aquellas firmas del Estado que no generen ganancias o representen una carga para el Tesoro provincial podrían pasar a manos privadas o ser liquidadas.
Guiño al interior
En medio del plan de ajuste, hubo una sola «zanahoria» política destinada a contener la tropa territorial. Se planteó una «mejora en la copa para los intendentes del interior», buscando oxigenar las cuentas de los municipios que dependen casi exclusivamente del goteo de fondos provinciales para pagar sueldos y servicios básicos.
La cumbre en la residencia marca el inicio de una nueva etapa en la gestión de Quintela, caracterizada por una austeridad forzosa y, tras el faltazo de Molina, interrogantes políticos que todavía no tienen respuesta.





