Politica

La pedagogía del «recurso víctima»: Quintela busca en los jóvenes el dique de contención contra el avance libertario

Por Eduardo Nelson German · 24 de diciembre de 2025 · 13:19

El gobernador riojano utilizó una entrevista con estudiantes para desplegar su manual de resistencia al gobierno de Milei. Con un discurso que osciló entre la reivindicación del Estado y la demonización del ajuste, intentó blindar su gestión de las críticas locales y proyectó la culpa de la crisis exclusivamente en la Casa Rosada.


El gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, eligió un escenario poco habitual para bajar su línea política: una mesa con estudiantes de comunicación. Lejos de la confrontación con periodistas incisivos, el mandatario optó por un formato pedagógico que le permitió explayarse sin interrupciones sobre su visión del país y, fundamentalmente, sobre la construcción de su principal antagonista: Javier Milei. A lo largo de una hora, Quintela desplegó una estrategia discursiva clara: instalar la idea de que La Rioja no es inviable, sino víctima de un plan deliberado de asfixia, y que el sufrimiento actual no es un error de cálculo, sino el objetivo final del modelo libertario.

La charla, que intentó mostrar un rostro humano y reflexivo del caudillo provincial, dejó al descubierto los pilares de su relato para sobrevivir a la ola violeta que amenaza con erosionar su base electoral, especialmente entre los más jóvenes.

La tesis de la «provincia empobrecida»

El primer movimiento retórico de Quintela fue desactivar la crítica histórica sobre la falta de desarrollo local tras décadas de gestión peronista. Su argumento giró en torno a una victimización estructural. «La Rioja no es una provincia pobre per se, sino que es una provincia empobrecida en forma deliberada», sentenció.

Para el gobernador, el subdesarrollo no es fruto de la falta de iniciativa privada o de un Estado macrocefálico, sino de un castigo centralista. «Siempre ha sido castigada por la lucha nuestra que tuvimos históricamente», afirmó, apelando a la mística federal para justificar el presente. En su análisis, la falta de competitividad de la industria local no se debe a costos laborales o impositivos, sino a la geografía y la infraestructura pendiente: «Plantar un melón acá no es lo mismo que plantarlo en Córdoba. Acá tenés que extraer el agua de 200 metros de profundidad».

Milei como arquitecto del sufrimiento

Si La Rioja es la víctima, el victimario tiene nombre y apellido. Quintela no ahorró adjetivos para describir al Presidente, a quien presentó no como un adversario ideológico, sino como un peligro moral. «Este hombre no va a hacer nada por la Argentina. Lo que va a hacer es sufrimiento, nada más», pronosticó con tono apocalíptico.

El gobernador buscó contrastar la «crueldad» del ajuste nacional con la «humanidad» de su gestión. «El presidente actual no hizo una sola vivienda en toda su gestión. Nunca se lo vio inaugurando hospitales, escuelas o rutas», disparó. La estrategia es clara: asociar la figura de Milei únicamente con la sustracción de derechos y recursos. «Se quedaron con plata de las provincias, de los discapacitados, de los jubilados y de los trabajadores», enumeró, intentando capitalizar el descontento social por la recesión.

Nacionalismo de recursos: el litio como bandera

En el plano económico, Quintela recurrió al manual clásico del nacionalismo de recursos para explicar por qué el país no despega. Su visión sobre la minería y el litio simplifica la complejidad de las cadenas de valor globales en una ecuación de suma cero. «El litio de acá se va a un peso y vuelve convertido en batería a 20 pesos. Compramos aquello que nos pertenece como producto terminado», graficó.

Esta «primarización», según su óptica, es lo que impide el desarrollo. «Dios puso la riqueza para que nosotros podamos utilizarla», dijo, mezclando teología y política para defender una industrialización forzada que, según él, generaría divisas y empleo genuino, una promesa que choca con la realidad de las inversiones frenadas por la inestabilidad macroeconómica.

La batalla por la juventud y las redes «cloacales»

Quizás el punto más revelador de la entrevista fue su preocupación por la pérdida del voto joven, el sector donde Milei construyó su hegemonía. Quintela admitió implícitamente que el peronismo perdió la batalla cultural en las redes sociales, a las que descalificó con dureza.

«Han generado de este avance tecnológico un estado cloacal. Son una porquería», definió sin filtro. El gobernador describió a los libertarios en redes no como una expresión espontánea de hartazgo, sino como un ejército rentado: «Son habitaciones llenas de celulares donde aprietan una tecla y sale una serie de improperios y agravios. En vez de fortalecer una opinión, te descalifican con odio».

Su consejo a los estudiantes fue casi una súplica para que no se dejen «influenciar» por estos mensajes y vuelvan a creer en la política tradicional como herramienta de transformación. «La política es la que genera las condiciones para que vos puedas tener un proyecto de vida», insistió, intentando recuperar la mística militante en una generación escéptica.

Autocrítica limitada y el fantasma del suicidio

El gobernador también tuvo que abordar temas dolorosos, como la alta tasa de suicidios en la provincia. Aquí, su seguridad discursiva flaqueó. «Es una materia que me cuesta hablar porque no tengo dominio sobre eso», reconoció, mostrando las limitaciones del Estado para contener una crisis de salud mental que golpea a su propia población.

Sin embargo, rápidamente vinculó el malestar social con el clima de época generado por el gobierno nacional, sugiriendo que la «desintegración» familiar y la falta de respuestas del «mundo» (léase, el modelo económico) empujan a los jóvenes al abismo. «El mundo no le da respuesta», analizó, externalizando nuevamente la responsabilidad.

Conclusión: Resistencia sin renovación

El análisis de sus palabras revela a un líder político que, ante la amenaza de un cambio de paradigma, opta por atrincherarse en las viejas banderas del movimiento: obra pública, Estado presente y proteccionismo industrial. «Sueño con una provincia próspera, con oportunidades, que crezca y se desarrolle de forma armónica», cerró.

La duda que flota en el aire es si este discurso, efectivo durante décadas en el feudo riojano, será suficiente para contener el descontento de una sociedad que, como admitió el propio Quintela al hablar de los resultados electorales, empezó a votar «al tipo que no te trajo un solo peso».


Fuente: Análisis basado en la entrevista de Ricardo Quintela con estudiantes de comunicación (Video).