Mientras la economía nacional se mueve al ritmo de la energía y la minería, las producciones típicas de la provincia enfrentan un escenario crítico. La alta presión impositiva, los costos logísticos y la caída del consumo golpean a la olivicultura y la vitivinicultura, motores del empleo local.
Aunque el Gobierno nacional celebra el despegue de los sectores energéticos y mineros, calificando al modelo económico como «de montaña», la realidad productiva de La Rioja muestra la otra cara de la moneda. Las economías regionales de la provincia, encabezadas por la olivicultura y el vino, atraviesan un momento de asfixia competitiva que amenaza su viabilidad. Según un relevamiento de LA NACION, los productores locales enfrentan una tormenta perfecta: dólar «menos caro», costos laborales e impositivos en alza, infraestructura deficiente y un mercado interno deprimido.
El diagnóstico de los expertos es contundente: para sobrevivir y exportar, la provincia necesita urgentes reformas que bajen el «costo argentino». «No podemos exportar impuestos, nuestros competidores no lo hacen», sintetizó Nicolás Sánchez Pat, referente de la fruticultura, una frase que resuena con fuerza en los valles riojanos.
Olivicultura: La Rioja lidera, pero con rentabilidad en jaque
La provincia se mantiene como la mayor productora de aceitunas de mesa del país, un sector que tiene a Brasil como su principal cliente (absorbe el 90% de los envíos). Sin embargo, el liderazgo no garantiza ganancias. Gonzalo Lenzano, expresidente de la Cámara Olivícola de San Juan e industrial del sector, puso el foco en un insumo crítico para la producción en zonas áridas: la energía.
«Hay que sacar, bajar los impuestos de la factura de electricidad, porque aumentan considerablemente los montos y afectan el margen de rentabilidad», reclamó. El costo energético para el bombeo de agua de riego, sumado a la mano de obra, representa el 70% de los costos de producción, una ecuación que se volvió inviable con precios internacionales a la baja.
El otro gran escollo es la logística. Salir desde La Rioja hacia los puertos implica transitar rutas en mal estado que encarecen el flete y dañan la mercadería. «Fábricas que han hecho todos los deberes puertas adentro, que tienen tecnología y alto nivel de productividad, no pueden sacar aceite fraccionado porque llegarían las botellas rotas», graficó Lenzano. La consecuencia es directa: se pierde el valor agregado en origen. «No somos competitivos y hay que ser competitivos en góndola, a donde los importados llegan más baratos», advirtió.
El vino, entre el sobrestock y la falta de acuerdos
La situación de la vitivinicultura riojana no es más alentadora. El semáforo de Coninagro ubica al vino y mosto en rojo, señalando un deterioro del negocio por precios rezagados frente a la inflación y costos crecientes. Jorge Day, economista del Ieral, explicó el cambio de época: «En los 90 el mundo quería más vino. Ahora cae el consumo y el sector está con mayor oferta».
Para las bodegas de la región, el acceso a los mercados internacionales es una carrera de obstáculos. «Es el país productor de vinos que más derechos paga para acceder a los mercados. Salvo para el Mercosur, para todo el resto paga aranceles», explicó Milton Kuret, de Bodegas de Argentina. Mientras competidores como Chile o Australia entran con arancel cero, las bodegas locales destinan un 5% de su facturación a pagar impuestos de entrada, lo que las deja fuera de juego.
En el plano interno, los pequeños productores de uva son el eslabón más débil. Fabián Ruggeri, de Acovi, detalló el drama financiero: «La cosecha 2025 se pagó al mismo precio que la 2024, financiando entre seis y ocho meses. La pérdida se da por la inflación acumulada». Con un dólar que consideran poco competitivo y costos financieros que duplican a los de Chile, la exportación no logra compensar la caída del mercado doméstico.
Un mercado interno que no tracciona
El problema de fondo para La Rioja es que sus producciones insignia dependen también del consumo local, hoy golpeado por la pérdida del poder adquisitivo. El economista David Miazzo advirtió que el mercado doméstico es «chico, reacciona lentamente y desde niveles muy bajos».
Productos como el aceite de oliva o los vinos de gama media sufren la «precarización del consumo». A esto se suma la amenaza de una apertura importadora sin «cancha nivelada». Desde CAME, Eduardo Rodríguez alertó: «Estamos muy preocupados por las importaciones. Los productos que vendemos son muy buenos, pero producimos en desventaja».
El panorama exige, según los referentes, medidas de fondo que van más allá de la macroeconomía: baja de cargas patronales para sectores mano de obra intensivos, financiamiento a tasas razonables para tecnificarse y, sobre todo, una infraestructura que acerque a La Rioja al mundo. Sin eso, la «montaña» del modelo libertario seguirá quedando demasiado lejos de los llanos productivos de la provincia.





