En el Tinkunaco de Malligasta, el intendente protagonizó el tradicional gesto de sumisión ante la autoridad divina, en un acto cargado de simbolismo político donde se pidió dejar de lado el «odio» y apostar al encuentro.
Bajo el sol impiadoso del mediodía riojano, en el último día de 2025, el intendente de Chilecito, Rodrigo Brizuela y Doria, encabezó en Malligasta la ceremonia del Tinkunaco, el rito que reedita el pacto de paz entre españoles y diaguitas. Lejos de ser una mera postal costumbrista, el acto sirvió como plataforma para un mensaje de fuerte contenido político en tiempos de crisis: la necesidad de unidad frente a la adversidad y la búsqueda de consensos para la gobernabilidad.
En el momento culminante de la liturgia, Brizuela y Doria depositó en manos del «Niño Alcalde» la llave del municipio, un gesto que simboliza el reconocimiento de una autoridad superior pero que, en la lectura política local, reafirma la legitimidad territorial del jefe comunal ante su pueblo. «El intendente pondrá en manos del Niño Alcalde la llave del municipio que preside y del departamento de Chilecito que lo eligió para ser su máxima autoridad política», relató la voz oficial del evento, subrayando el mandato popular del dirigente peronista.
Un mensaje contra la grieta
La homilía y las intervenciones durante la procesión estuvieron marcadas por un llamado a pacificar los ánimos, en sintonía con el discurso que el intendente viene desplegando frente al ajuste nacional. «Que el Tinkunaco sea, además de tradición, un estilo de vida. La paz con nosotros, la paz con todos», se escuchó en la plaza, mientras las imágenes de San Nicolás y el Niño Alcalde se encontraban frente a la multitud.
El pedido de «buscar juntos soluciones a nuestros problemas» resonó con fuerza, interpretándose como una apelación a cerrar filas ante el complejo escenario económico que atraviesa la provincia. «Dibujemos en nuestro rostro una sonrisa, nos unamos para buscar juntos soluciones. Hagamos camino de solidaridad, nos sequemos mutuamente las lágrimas», fue la exhortación que acompañó el paso de las autoridades.
Símbolo de poder y fe
El acto de entrega de la llave no es menor en la simbología del poder riojano. Representa, según se destacó en la ceremonia, no solo el gobierno de la ciudad, sino el acceso a «cada hogar». «Niñito Alcalde, ayúdame a ser servidor como lo fuiste vos», fue la frase atribuida al intendente en ese instante de reverencia, reforzando su perfil de gestor cercano a la comunidad y alineado con los valores de la doctrina social de la Iglesia.
El evento, que conmemora los 400 años del pacto gestado por San Francisco Solano para evitar el derramamiento de sangre, sirvió también para que el oficialismo local mostrara presencia territorial en un cierre de año donde las ausencias de figuras provinciales y nacionales en otros actos similares (como en la Capital) dejaron el terreno libre para los liderazgos departamentales. Brizuela y Doria, al frente del segundo departamento más importante de La Rioja, cerró el 2025 consolidando su vínculo con los sectores populares y la estructura religiosa, dos pilares claves para la gobernabilidad en el interior profundo.





