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Armando Molina activa el “operativo respuesta” tras el temporal y refuerza su perfil de gestión: “Ciudad segura, ordenada y limpia”

El intendente de La Rioja desplegó cuadrillas de emergencia para despejar calles y retirar árboles caídos luego de la tormenta. En medio de la interna sucesoria, el jefe comunal endurece el discurso sobre el control del espacio público, levanta vehículos abandonados y capitaliza el éxito logístico del Tinkunaco para mostrar volumen político y capacidad de reacción.

Con la mira puesta en la gestión del día a día como plataforma de despegue político, el intendente de La Rioja, Armando Molina, convirtió la respuesta ante las inclemencias climáticas en una demostración de fuerza territorial. Tras el temporal que azotó a la capital en las últimas horas, el jefe comunal se puso al frente del operativo de emergencia, buscando contrastar la parálisis de otras áreas del Estado con el despliegue de la maquinaria municipal en la calle.

“Estamos trabajando”, anunció Molina de manera directa, mientras supervisaba las tareas de las cuadrillas en los barrios afectados. El objetivo central fue restablecer la normalidad en tiempo récord para evitar el malhumor social. “Ante las lluvias y caídas de árboles, estamos recuperando la circulación vehicular y la seguridad en cada zona”, reportó el intendente, instalando el concepto de «seguridad» vinculado no solo al delito, sino a la previsibilidad urbana.

La obsesión por el “Orden”

Más allá de la contingencia climática, Molina profundizó su agenda de control del espacio público, un eje discursivo que busca sintonizar con el reclamo de orden de la clase media capitalina. En un operativo realizado sobre la avenida Ramírez de Velasco, el municipio procedió al levantamiento de autos en desuso, una acción que el intendente capitalizó políticamente bajo el lema: “Orden en la ciudad”.

“Retiramos un vehículo abandonado… Ciudad segura, ordenada y limpia”, sentenció Molina. La insistencia en estos tres conceptos —seguridad, orden y limpieza— no es casual: forma parte de la estrategia de posicionamiento del intendente, quien busca mostrar una gestión ejecutiva y pragmática, diferenciándose de los tiempos más lentos de la burocracia provincial.

El saldo político del Tinkunaco

La agenda de «orden» se complementó con el balance de lo que fue el operativo logístico durante el Tinkunaco, la máxima celebración religiosa de la provincia que movilizó a multitudes. Molina utilizó el éxito del evento para enviar un mensaje hacia adentro de su estructura, fidelizando a la tropa propia en un año clave.

El mandatario local se mostró junto a la “familia municipal” y al “personal de distintos servicios” que garantizaron la logística de la festividad. “Gracias por el esfuerzo coordinado y el trabajo en equipo de cada año en una celebración que nos une como un verdadero pueblo de fe”, expresó.

Al destacar el “esfuerzo coordinado”, Molina busca exhibir una administración aceitada y con capacidad de mando, atributos que pone sobre la mesa en la discusión interna del peronismo riojano sobre la sucesión de Ricardo Quintela. Mientras otros dirigentes roscan en despachos, el intendente elige mostrarse gestionando la crisis climática y limpiando las avenidas.

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