Mientras la Casa Rosada y la Vicepresidenta profundizan su enfrentamiento público, el gobernador riojano queda en el centro de la escena. Milei lo apuntó directamente en su discurso, y Villarruel utiliza sus encuentros con mandatarios provinciales para marcar sus diferencias con el Ejecutivo.
LA RIOJA / BUENOS AIRES – La interna en la cúpula del poder nacional alcanzó un punto de ebullición que, inevitablemente, tiene a la provincia de La Rioja como uno de sus escenarios secundarios. El enfrentamiento público y sin retorno entre el presidente Javier Milei y la vicepresidenta Victoria Villarruel escaló en las últimas horas, cruzado por acusaciones de destitución, pedidos de renuncia cruzados por redes sociales y la figura del gobernador riojano, Ricardo Quintela, operando como un factor de discordia.
Quintela, el «enemigo» apuntado por Milei
Durante su encendido discurso en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso, el presidente Milei no solo apuntó contra el kirchnerismo y ciertos sectores empresariales, sino que hizo una mención explícita y directa a la dirigencia de La Rioja.
El mandatario nacional acusó a sectores de la política de haber conspirado contra la sostenibilidad de su administración, tildándolos de «golpistas». Para ilustrar este punto, Milei mencionó con nombre y apellido a:
- Ricardo Quintela: Recordó las recientes declaraciones del gobernador, quien afirmó que el gobierno libertario «no puede llegar hasta el 10 de diciembre del 2027».
- María Florencia López: La senadora nacional del bloque Justicialista fue señalada por haber sugerido que al oficialismo «no le van a alcanzar los helicópteros para fugarse».
Milei no se quedó en la retórica: en plena cadena nacional, pidió que la Justicia avance rápido con la denuncia que el fiscal Carlos Stornelli presentó la semana pasada contra Quintela por estos dichos.
Villarruel y su «institucionalismo» en La Rioja
Mientras Milei atacaba a Quintela en el Congreso y deslizaba (con Villarruel a sus espaldas) que había «propios» buscando «abrazar el sillón de Rivadavia», la Vicepresidenta jugaba sus propias cartas.
Lejos de alinearse con el Ejecutivo, el entorno de Villarruel defiende su reciente y polémica reunión con el gobernador riojano. Desde el núcleo duro libertario en Balcarce 50, definen a la Vicepresidenta como «peronista, con ansias de poder y antiliberal» tras haberse mostrado junto a Quintela, considerado hoy uno de los principales opositores de la Casa Rosada.
Sin embargo, los asesores de la titular del Senado justifican este y otros encuentros con gobernadores (como el que mantuvo con Gildo Insfrán en Formosa) bajo el paraguas del «institucionalismo». Aseguran que su rol le exige mantener diálogo con los representantes de todas las provincias, desmarcándose así de la estrategia de confrontación total planteada por los hermanos Milei.
El impacto en el Senado
Esta fractura expuesta tiene consecuencias directas en el Congreso. Mientras Patricia Bullrich emerge como la figura fuerte del oficialismo para negociar y sacar leyes (relegando el poder de Villarruel), la Vicepresidenta advirtió por X (ex Twitter) que no renunciará: «Hasta el 10 de diciembre ocupo con honestidad mi cargo».
Para La Rioja, este escenario de extrema polarización significa que sus representantes en el Congreso (y su propio gobernador) seguirán siendo el blanco predilecto del relato oficialista para justificar los vaivenes económicos y agitar el fantasma de la desestabilización política de cara al 2027.





