El peronismo local asimila que el gobernador utilizará todas las herramientas a su alcance para contener la avanzada de La Libertad Avanza. Cumbres secretas de la disidencia, la respuesta de los leales, una reestructuración financiera multimillonaria y el fantasma del adelantamiento electoral marcan el pulso de la provincia.
El peronismo riojano comenzó a masticar una realidad ineludible de cara al próximo turno ejecutivo: el sector que lidera el gobernador Ricardo Quintela intentará por todas las vías posibles retener el control de la provincia y de la ciudad capital. Frente a la sostenida avanzada de La Libertad Avanza en el tablero nacional y local, el oficialismo provincial decidió cerrar filas y preparar el terreno para una defensa total de su territorio en 2027.
La tensión interna ya es palpable. En las últimas semanas, los movimientos tectónicos del Partido Justicialista local quedaron expuestos tras una serie de reuniones secretas protagonizadas por el peronismo «no quintelista», que busca reorganizarse. Sin embargo, la respuesta no se hizo esperar: el núcleo duro del gobernador organizó rápidamente una cumbre de dirigentes quintelistas puros para exhibir músculo político. A través de un sugestivo silencio público, el mandatario provincial dejó trascender un mensaje claro hacia adentro y hacia afuera: su espacio está dispuesto a hacer lo que sea necesario para no abandonar el poder.
Ingeniería financiera para blindar la paz social
En el entorno de Quintela entienden que la política sin caja es una quimera. El gobernador sabe perfectamente que, en una provincia con un alto nivel de empleo público, mantener el pago de sueldos en tiempo y forma es la principal barrera de contención contra los sobresaltos sociales. Para garantizar esta paz social y financiar la resistencia electoral, el Ejecutivo analiza por estas horas medidas drásticas de reestructuración económica que hace tiempo eran impensadas.
Entre las decisiones de fondo, se baraja el cierre definitivo de 13 empresas estatales (conocidas bajo la figura de SAPEM), que representan una carga onerosa para las arcas provinciales. A esto se le suma un agresivo plan de privatizaciones parciales y ventas de activos estratégicos:
- El Parque Eólico Arauco: Se prevé la venta de una nueva etapa por USD 180 millones, un movimiento que se suma a la anterior enajenación de otra parte del complejo a la empresa Pampa Energía por USD 171 millones.
- El Banco Rioja: El gobierno analiza desprenderse de hasta el 49% de la entidad financiera provincial por una cifra que rondaría los USD 40 millones.
El laboratorio electoral y el «Método Zamora»
Con los recursos asegurados para mantener la maquinaria estatal funcionando, la estrategia política de Quintela se enfoca en el diseño del calendario. En los pasillos de la gobernación ya se especula con un adelantamiento de las elecciones ejecutivas para el mes de mayo de 2027, despegándolas del escenario nacional. Además, se reflota la posibilidad de reinstaurar la polémica Ley de Lemas, un sistema que le permitiría al peronismo contener todas sus vertientes internas y sumar votos hacia un mismo frente, neutralizando así el crecimiento libertario.
El ensayo general de esta maquinaria de retención de poder se vio en las últimas elecciones legislativas de octubre. A pesar de los enojos subterráneos y las disidencias internas, el aparato peronista funcionó a la perfección y trabajó sin fisuras para garantizar el triunfo de Gabriela Pedrali, diputada y madre de los hijos del gobernador.
Este último dato no es menor y revela la estrategia a largo plazo del mandatario. En el microclima político riojano se analiza que Quintela está aplicando a rajatabla el «método Santiago del Estero», replicando el exitoso modelo de alternancia en el poder construido por el matrimonio de Gerardo Zamora y Claudia Ledesma Abdala. Al consolidar una estructura de poder de corte familiar, el quintelismo busca volverse inexpugnable ante los embates de la oposición y las propias fracturas del peronismo.





