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El regreso de los «Chachos»: La Rioja reflota su cuasimoneda ante el ahogo fiscal y reabre un viejo debate económico

El gobernador Ricardo Quintela confirmó que usará los bonos provinciales para cubrir los próximos aumentos estatales desde agosto. Los antecedentes históricos de la crisis de 2001, la paridad con el peso y el impacto en el comercio local.

En un movimiento político y financiero que vuelve a encender las alarmas en el tablero económico nacional, el gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, confirmó que la provincia norteña reflotará la circulación de su cuasimoneda oficial, los «Chachos». El instrumento financiero de emergencia se utilizará para costear de manera exclusiva los próximos incrementos salariales de la administración pública, con un esquema de acreditación que debutará con los haberes de julio, previstos para cobrarse durante los primeros días de agosto.

La decisión reabre de manera sorpresiva un debate fiscal que la Argentina creía definitivamente saldado desde mediados de 2003, cuando se completó el rescate masivo de los bonos provinciales emitidos durante el colapso del plan de Convertibilidad.

«Tengo dificultades, pero vamos a abonar igual. Vuelven los chachos», justificó Quintela, quien trazó un preocupante panorama sobre las economías regionales. Según describió, el «pago chico» riojano se encuentra atrapado en una tenaza marcada por la recesión generalizada, el cierre sistemático de pymes y comercios, y la pérdida neta de puestos de trabajo. Ante un pedido formal de adelanto de coparticipación federal por $85.000 millones que permanece cajoneado en los despachos del Palacio de Hacienda nacional sin recibir respuesta, la provincia decidió ejecutar su propia ingeniería presupuestaria de trinchera.

Cómo funcionan los «Chachos» y su impacto comercial

La emisión de los Bonos de Cancelación de Deuda (BOCADE) —bautizados en homenaje al emblemático caudillo federal riojano Ángel Vicente «Chacho» Peñaloza— no representa un territorio desconocido para los habitantes locales. La herramienta ya tuvo una primera etapa de circulación masiva entre julio y el 31 de diciembre de 2024.

Para esta nueva fase de asistencia fiscal, las reglas de juego se mantendrán idénticas a las del año pasado:

  • Los bonos tendrán billetes físicos con denominaciones de 1.000, 2.000, 5.000, 10.000, 20.000 y 50.000 unidades.
  • Circularán con una paridad uno a uno respecto al peso argentino formal.
  • No se utilizarán para pagar el medio aguinaldo, sino que se inyectarán de forma complementaria para cubrir las sumas de las paritarias.

Durante su última experiencia en la calle, el gobierno riojano llegó a liquidar hasta el 30% de los sueldos estatales con estos papeles. El circuito de supervivencia de la cuasimoneda depende fundamentalmente de su aceptación: sirven para abonar impuestos provinciales, cancelar boletas de servicios públicos locales y realizar compras directas en las cadenas de supermercados y comercios de cercanía que se encuentran adheridos al programa oficial bajo la promesa gubernamental de habilitar ventanillas de canje rápido a pesos líquidos.

El fantasma de 2001: del Patacón bonaerense al Cecacor correntino

La decisión de Quintela transporta de manera inevitable la memoria colectiva a los peores meses de la crisis institucional, económica y social que dinamitó al país entre 2001 y 2002. En aquel momento, la estricta rigidez de la Ley de Convertibilidad impedía al Banco Central emitir moneda sin su contraparte de reservas en dólares, provocando una histórica sequía de liquidez que dejó a quince distritos subnacionales al borde de la quiebra y sin fondos para pagar a sus empleados.

La respuesta de los gobernadores fue un estallido de «monedas paralelas» al portador que llegaron a representar una masa de $8.535 millones circulando en simultáneo en agosto de 2002. Incluso la Nación debió estructurar sus propias Letras de Cancelación de Obligaciones Provinciales (Lecop) para girar asistencia discrecional.

En el pelotón de las 15 cuasimonedas de la crisis, la disparidad de suerte fue notable:

  • El Patacón (Buenos Aires): Emitido bajo la gestión de Carlos Ruckauf, fue el gigante del sistema con $3.306 millones en la calle. Su aceptación fue tan masiva que se tomaba a la par del peso en grandes comercios bonaerenses e incluso de la Ciudad de Buenos Aires.
  • La Lecor (Córdoba): Con $700 millones, logró sostener el circuito comercial del centro del país con relativa estabilidad.
  • El Cecacor (Corrientes) y el Federal (Entre Ríos): Se ubicaron en el extremo opuesto. El escepticismo de los operadores comerciales provocó que perdieran valor de forma acelerada en el mercado secundario, llegando a cotizar muy por debajo de su valor nominal impreso.

Irónicamente, los registros históricos exponen que la emisión de La Rioja durante el estallido de la Convertibilidad fue una de las más insignificantes y prolijas del mapa federal, con apenas $5 millones en circulación. Un cuarto de siglo después, en un contexto de altísima tensión política cruzada entre la gobernación riojana y la gestión libertaria de Javier Milei, los «Chachos» abandonan las páginas de historia económica para volver a convertirse en billetes de curso legal en los bolsillos de la gente.

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