El concejal capitalino Aníbal Olivera cruzó con dureza al oficialismo provincial; acusó a la dirigencia del PJ de socavar la confianza popular y de obturar el desarrollo genuino mediante el asistencialismo.
La batalla por el relato en La Rioja ya no se libra únicamente en los despachos gubernamentales o en las disputas por el reparto de la coparticipación federal. Ahora, el núcleo de la discusión cala más hondo y apunta directo a la matriz identitaria y cultural de la provincia. En ese escenario, la dirigencia local de La Libertad Avanza busca instalar una cuña discursiva para dinamitar las bases ideológicas del peronismo riojano, al que acusan de haber clausurado cualquier horizonte de progreso basado en el mérito individual.
El encargado de corporizar este contraataque fue el concejal capitalino Aníbal Olivera, quien lanzó una severa filípica contra la conducción política que encabeza el gobernador Ricardo Quintela. «Estos dirigentes no creen que nuestra Rioja pueda mejorar por cuenta propia. No creen que podamos pasar de ‘peor’ a ‘mejor’ por esfuerzo nuestro, ni tomar lo bueno que viene de afuera para superarlo con algo propio», sentenció el edil libertario, instalando una retórica que busca confrontar la tradicional épica del federalismo «perjudicado» por el centralismo porteño con una épica de la autosuficiencia.
En el corazón de la estrategia opositora subyace un diagnóstico severo: el principal lastre de la provincia no es de orden estrictamente financiero, sino moral y psicológico, inoculado tras décadas de un modelo estatista que deglutió gran parte de la iniciativa privada.
«El peor daño que le hacen a La Rioja no es robar. Es quitarle la confianza al pueblo y enseñarle que no puede valerse por sí mismo», disparó Olivera.
La estocada calza a la perfección con el manual de estilo que la fuerza del presidente Javier Milei despliega a nivel nacional: desmantelar lo que consideran la «cultura de la victimización» para entronizar las ideas de la libertad y el esfuerzo propio. Al deslizar que el mayor perjuicio no es la corrupción material («no es robar») sino el daño cultural, el concejal apunta a desactivar el principal mecanismo de cohesión del oficialismo: la idea de que los riojanos necesitan de un Estado omnipresente para subsistir.
El desafío político que se le presenta ahora a los libertarios en el territorio riojano no es menor. Deberán demostrar si las consignas de «La Rioja puede más» o «Riojanos de pie» logran permear en un tejido social fuertemente condicionado por el empleo público y las redes de contención social, en momentos donde la provincia ensaya piruetas financieras complejas como la emisión de cuasi monedas. Por lo pronto, la oposición de derecha eligió su colina para dar la batalla: prefieren discutir la dignidad del desarrollo antes que la administración de la escasez.





