Sociedad

Un riojano estuvo perdido más de 30 horas en la Antártida y sobrevivió

Por Eduardo Nelson German · 22 de febrero de 2013 · 13:47

5126cd4d4cff4_200x114Investigaba rastros paleontológicos en la isla James Ross. Es un científico riojano de 28 años que se perdió en un campamento en medio de una tormenta. Se protegió  haciendo un refugio con la misma nieve y pudo superar la temperatura de casi 30º C bajo cero de sensación térmica. Arnaldo Vaca, padre del geólogo, por Cadena 3

Viento, viento y más viento”. Matías Vaca vivió una historia de película. El geólogo de 28 años permaneció perdido durante más de 30 horas en medio de una tormenta antártica, con vientos que superaron los 100 kilómetros por hora y resguardado en un pozo que fabricó en la nieve.

La aventura de este riojano de Chilecito arrancó el martes, a las 20:30. Sin imaginar lo que ocurriría, salió del campamento que había levantado junto a tres compañeros en la Isla James Ross, cerca de una base antártica con bandera de República Checa. Junto a él estaban dos becarias llamadas Florencia Milanese y María Eugenia Raffil, y el técnico Alvar Sobral –nieto del legendario alférez José María Sobral–. Vaca llegó a la Antártida para su tercera campaña gracias a un convenio entre la Universidad Nacional de Córdoba, donde estudió, y el Instituto Antártico Argentino. Investigaba rastros paleontológicos de la isla.

El joven salió a buscar víveres pero por causa del viento, algunas cajas se volaron y decidió apostar su propio destino en beneficio del grupo. «El segundo cajón lo fui a buscar más lejos de la línea de referencia que tenía y no sé si me volteo una ráfaga o que pasó, pero al levantarme no encontré ni el cajón ni el campamento», explicó en diálogo con Tiempo Argentino. El resto de los científicos, todos con experiencia previa en este tipo de terrenos, denunció la desaparición.

En ese momento, una gran ventisca o «blizzard», como se conoce en la jerga antártica a los temporales fuertes de viento y nieve, se apoderó de la isla, la temperatura era de -10ºC y la sensación térmica se medía entre -25 y -28º C. Sólo una cosa era más cálida que el clima: la misma nieve.

«A las 20 horas de perderme hice un pozo con las antiparras, relató, las use como cuchara. La cueva de nieve es una técnica que se utiliza para hacer una suerte de bolsa de dormir en medio de esa adversidad porque allí hay una temperatura muy superior a la que uno siente desde afuera, además, son cosas que vas haciendo para mantener la cabeza ocupada».

Antes de tomar esa decisión caminó a ciegas hacia el refugio, pero fue inútil. «Cuando comprendí que podía llegar a pasar una segunda noche en la intemperie, me desesperé», contó. Sin embargo, durante la noche del miércoles terminó la tormenta y el científico ganó en visibilidad. «Todavía no se cuanto me alejé, pero fue mucho», especificó. A las 3:40 de la madrugada del jueves, volvió al campamento y se fundió en un abrazo con sus tres compañeros. El duro trance que supo atravesar, por momentos, lo venció: «la fatiga me hacía cabecear y soñaba que comía dulce de leche».

Matías vive solo pero tiene dos hijas, Antonela de 10 años y Josefina de 7. “Mi familia y mis dos hijas fueron el motor para inflarme cuando no podía más”, argumentó el científico que también extrañó a su perra Jacinta, una cachorra doberman de color gris. Finalmente, reconoció: «Tampoco me siento muy bien por lo que pasó, porque aunque no se trató de una negligencia, puse a todo el mundo en una situación incómoda» y agradeció que  “hicieron bien su trabajo la gente del helicóptero y de la base”.

Barreras de hielo y dinosaurios 

La isla James Ross está ubicada en el lado sudeste y cerca del extremo noreste de la península Antártica, frente a la península Trinidad, de la cual está separada por el canal Príncipe Gustavo. Estuvo conectada a la península Antártica por una barrera de hielo hasta 1995, cuando la plataforma colapsó, haciendo por primera vez navegable el canal.

Es un sitio de gran relevancia paleontológica, dado que allí se descubrió el primer dinosaurio de la Antártida, llamado Antarctopelta oliveroi, un saurio prehistórico de tamaño mediano hallado por los geólogos argentinos Eduardo Olivero y Roberto Scasso, en 1986.

Más tarde, en diciembre de 2003, el paleontólogo estadounidense Judd Case, del Colegio Santa María de California, y el geólogo estadounidense James Martin, de la Escuela de Minas y Tecnología de Dakota del Sur, descubrieron los huesos de otro terópodo antediluviano en la isla. Fue apodado Naze, porque fue hallado en el norte de la península Naze.