La Iglesia criticó la “creciente tolerancia social” a las drogas
Advirtió sobre la ausencia del Estado y la “exclusión social”. Y consideró que el proyecto para la despenalización del consumo personal es “apresurado y superficial”. También criticó a los medios. Según la Sedronar, sucede más con el consumo de marihuana.
La Iglesia salió ayer a expresar su preocupación por lo que considera una “creciente tolerancia social” a las drogas y una “disminución de la percepción del riesgo” por su consumo, que facilita la propagación de las adicciones, si bien señaló como el principal caldo de cultivo la “exclusión social”. Fue a través de una declaración con vistas al Día de Lucha Mundial contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, instituido por la ONU, que se cumplirá el 26 de este mes.
El documento –redactado por la Pastoral Nacional sobre Drogadependencia del Episcopado– fue presentado en la sede de la Conferencia Episcopal por el presidente de la comisión de Pastoral Social, monseñor Jorge Lozano; el sacerdote Pepe Di Paola, que hace unos años cobró notoriedad por su lucha contra el paco en la villa 21 del barrio porteño de Barracas, y los peritos de la Iglesia para la problemáticade las adicciones, Horacio Reyser y Horacio Castellano.
En el texto se advierte que “los problemas vinculados al consumo de drogas son cada vez más preocupantes, no sólo por la evolución del consumo y el tráfico, la oferta y demanda, sino fundamentalmente porque están relacionados con episodios que afectan sensiblemente a la sociedad en su conjunto”. En ese sentido, se subraya que “la magnitud del problema es tan alarmante que aparecen expresiones en todo el mundo que hacen pensar que la lucha está perdida”.
En el pronunciamiento se critica el papel del Estado y la sociedad en general. “Percibimos una ausencia histórica y estructural del Estado frente a esta situación, y no se trata de ningún gobierno en particular, sino de algo que como sociedad no terminamos de asumir, de encontrarle”. Y remarca: “Más allá de los avances significativos en materia de inclusión social que se realizaron en los últimos tiempos, notamos que falta mucho”.
“La creciente ‘tolerancia social’, la disminución en la ‘percepción del riesgo’ y en gran medida la exclusión social, han generado en la sociedad desánimo, desorientación, confusión …”, dice el documento. Agrega que “entonces surgen ideas o se proponen iniciativas que pareciera que apuntan más a los efectos que a las causas de este fenómeno creciente que nos afecta a todos, pero en mayor medida a nuestros hermanos más vulnerables, a los más pobres y excluidos”.
En el documento la Iglesia expresa su coincidencia con quienes consideran que “no hay que criminalizar al adicto. “No cabe duda: al adicto hay que escucharlo, recibirlo para acompañarlo en un camino que le permita tener una vida digna, vivida en libertad y en plenitud. Pero el camino de la ‘criminalización del adicto’ empieza mucho antes. Y nuestra sociedad no está exenta de transitarlo”.
Precisa que el camino “se inicia cuando la contención es insuficiente en los espacios comunitarios o en el ámbito de la educación formal y no formal. Cuando –puntualiza– son escasas las oportunidades de inclusión social y no se ofrecen propuestas que den un verdadero sentido de la vida a los jóvenes más pobres. Cuando -añade- se les dificulta en lo cotidiano el acceso a la salud y a la justicia”.
En cuanto a la despenalización de la tenencia de droga para consumo personal, que se debatió el año pasado en el Congreso, la Iglesia considera su tratamiento “apresurado y superficial. Una decisión de esa naturaleza requiere crear previamente instrumentos y espacios adecuados para dar contención y asistencia, al mismo tiempo que educar y prevenir para que aquellos que aún no entraron en contacto con las drogas o estén en un camino de iniciación, no terminen pensando que son inocuas”.
Para la Iglesia, los medios de comunicación a veces no contribuyen a no criminalizar al adicto. “Poco ayudan cuando nos imponen una mirada estigmatizante de los jóvenes: pobres, adictos, delincuentes y peligrosos”, apunta.
Finalmente, dice que “no hay soluciones mágicas” frente a este flagelo. Y señala: “En ese marco, los credos, el Estado y la sociedad civil debemos trabajar juntos, apoyando a las familias que son la principal barrera contra la droga”.
La percepción
Según el último estudio nacional sobre consumo de drogas, hecho por la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar) en 2010 en población de 12 a 65 años, la percepción de que consumir drogas ilegales como marihuana, cocaína o pasta base (paco) es un gran riesgo existe. Sin embargo, mientras el 62,6% de la población encuestada en este mismo estudio en 2004 consideraba que “fumar marihuana alguna vez o probar una o dos veces” representaba un “gran riesgo”, en 2010 la proporción bajó a 52,9%.
La Sedronar también releva lo que pasa en estudiantes de educación media, de entre 13 y 17 años. En ese caso, la disminución de la percepción de “gran riesgo” es más notable: en 2001 ocupaba el 44% de los consultados y en 2011, alrededor del 15%.
En relación con las drogas ilícitas, el uso experimental de marihuana fue considerado en 2011 por los estudiantes como inocuo por el 20,8% y de bajo riesgo, por el 38,3%. Mientras que el consumo ocasional fue mencionado por el 42,6% como de riesgo moderado. El cannabis es la sustancia no legal de menor percepción de riesgo. No obstante, el 68,2% vio ese año de gran riesgo fumar marihuana frecuentemente. En ese sentido, el 78,3% consideró la misma situación para el consumo frecuente de cocaína, el 76% para el de pasta base, y el 73,8 % para el de éxtasis.
En los últimos años, siempre según cifras de la Sedronar, la única droga sobre la que aumentó la percepción de riesgo es el tabaco. Consultada la población en general, pasó del 79,2% en 2006 al 83,7% en 2010. Sin embargo, la menor percepción de riesgo, o la mayor tolerancia, no implica necesariamente un aumento del consumo en igual proporción. Desde 2004 a 2010 el porcentaje de personas que probó alguna de estas drogas ilícitas se incrementó en casi dos puntos en marihuana (de 7,4% en 2004 a 9,1% en 2010), medio punto porcentual en cocaína (2,4% a 2,9%) y de casi tres puntos porcentuales para cualquier droga ilícita (7,8% a 10,1%). Respecto de pasta base, la tasa que es la más baja de todas las sustancias, se mantuvo en el tiempo (0,2% a 0,4%).
Entre los estudiantes, el consumo de drogas crece: la prevalencia de año (consumo al menos una vez en ese período) de marihuana pasó del 5,2% en 2001 al 10,3% en 2011; y de cocaína del 1% al 2,7%. También subió el consumo de alcohol: del 50,3% en 2001 al 62,8% diez años después.

Debe estar conectado para enviar un comentario.