Carlos Menem va de la cama al living

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Semanario Democracia. El ex presidente ya no sale. Pasa todo el tiempo viendo fútbol por televisión. Sus compañías: el boxeador y el peluquero. Los antiguos amigos que no le atienden el teléfono: de Gostanian a Reutemann. Los testaferros que ya no están. Los gastos de Cecilia Bolocco.Carlos Menem va de la cama al living

Por Mercedes Ninci

La vida de Carlos Menem transcurre en la intimidad de una casa en la que sólo entran Zulemita y sus dos hijos, su ex mujer Zulema, Ramón Hernández, un peluquero, y un boxeador. También están allí Angeles, la empleada de la familia desde el año 2001, y su ayudante Leticia. Pocas veces suena el timbre en la espléndida residencia de Echeverría 3535 del barrio de Belgrano; puede ser Alejandro Tfeli, su médico personal, o tal vez los empleados de la empresa Dándolo y Primi que cada 15 días van a limpiar alfombras y sillones. Otros a los que se les abre el espléndido portón negro del moderno chalet son su hermano Eduardo, su secretario, el arquitecto Eduardo Colacilli (hombre de carácter fuerte y pocos amigos), y aunque no es bienvenido, la ex pareja de Zulemita, Marcelo Pocoví, quien por una orden del juez de Familia Fernando Luis Pigni debe concurrir a ese domicilio para visitar a su bebé Malek los lunes, miércoles y viernes de 16 a 19.

El círculo es cada vez más cerrado, y tampoco el ex presidente hace mucho para que se abra. Cada vez que aparece en público se lo ve con un ex boxeador llamado Rafael Aguirre, a quien los íntimos llaman “el Acero Cali de Menem”. Rafa supo ser custodio de fallecido líder de la CGT en épocas de Raúl Alfonsín y desde hace unos años trabaja para cuidar a Carlos Menem. El hombre, al que se vio al lado del ex presidente en cada una de sus apariciones en Tribunales, sería adicto al juego y hasta habría perdido una casa que había comprado gracias a un crédito del Banco Hipotecario que Menem le había facilitado.

El boxeador quedó solo luego de que su mujer y su hija se volvieron a Siria, hartas de verlo perder plata, y ahora dedica su vida al ex presidente. El es quien se encarga de custodiar a Cecilia Bolocco cada vez que viene a la Argentina a traer a Máximo, el hijo de la contrariada pareja. En las últimas apariciones de Menem también se lo vio escoltado por un hombre joven, robusto, que parece su custodio pero en realidad es su nuevo peluquero. Se llama Sergio y reemplazó al famoso Tony Cuozzo, quien entró en cortocircuito con el ex mandatario cuando este comenzó su relación con la actriz chilena. “Haber trabajado para Menem fue lo peor que pude haber hecho”, dicen los vecinos de Lomas de Zamora que repite una y otra vez el hombre que dio vueltas al mundo innumerables veces gracias a la coquetería del ex presidente.

Desilusionado con muchos de sus antiguos “amigos”, Carlos Menem mastica la bronca que a veces se transforma en impotencia. Su más destacado compinche, el ex titular de la Casa de la Moneda Armando Gostanian, ya no le atiende el teléfono. Según informantes muy cercanos a su familia “el armenio se habría quedado con tres departamentos en Avenida Libertador y San Martín de Tours”, que en su momento habrían pertenecido al ex presidente pero que en los papeles habrían estado a nombre de una antigua sociedad del ex titular de la Casa de la Moneda llamada El Diego.

Uno de estos inmuebles es el famoso piso 23 donde, hasta que estalló el escándalo del lavado de dinero, vivía Leonardo Fariña con la modelo Karina Jelinek. El “piso” ya había sido famoso a principios del año 2005 cuando Gostanian lo “compró” para que vivieran allí Menem y su entonces novia, Cecilia Bolocco. Lo cierto que es a la diva chilena no le gustó el lugar y decidió entonces construir una mansión en Martínez al lado de la del ex secretario general de la Presidencia Alberto Kohan, pero como los medios nos enteramos y rápidamente dimos a conocer la dirección, los tortolitos decidieron ir a vivir a la casa de la calle Echeverría del barrio de Belgrano. Allí la estadía fue más que breve, porque Carlos Menem cayó preso por la causa de contrabando de armas que ahora lo tiene en vilo nuevamente.

El segundo departamento que estaría en disputa con Gostanian sería el del piso 15, donde se fue a vivir Zulema luego de que la echaran de la quinta de Olivos. La ex primera dama luego decidió mudarse porque le traía malos recuerdos por la muerte de Carlitos Junior. El tercero está en el piso 25 y actualmente, según cuentan en el consorcio, se encuentra vacío.

Otro de los que no quieren saber nada con el ex presidente es Carlos Spadone, otrora incondicional amigo. Un allegado a la familia contó a esta cronista que Menem habría comprado un campo en las cercanías de Mar del Plata que puso a nombre del empresario. Con el paso del tiempo Spadone lo habría hipotecado para abrir una bodega, el empréstito no habría sido pagado, el campo se perdió y Menem no tuvo a quién ir a reclamarle.

Entre los que “ya fueron” se encuentran también Gerardo Sofovich, ex presidente de ATC durante el menemismo, Martín Balza, Alberto Kohan, María Julia Alsogaray, Paco Mayorga y Víctor Alderete. “Sofovich habla bien de él en los medios, pero nunca lo va a visitar”, contó un amigo a Democracia. “Atrás quedó la mesa de póquer en el Hotel Presidente donde el ruso jugaba con Menem, Gostanian y el tío de Matías Garfunkel”, recordó. “María Julia lo mandó al frente con el tema de los sobresueldos para quedar ella en libertad; Alderete, que era un chupamedias bárbaro, no apareció más; el ex secretario general de la presidencia, Alberto Kohan, siempre te deja contento pero no te da nada; Martín Balza lo mandó al muere en la causa de las armas, y el ex secretario de Turismo Paco Mayorga, que me acuerdo vino a cobrarle una moto a Menem y salió funcionario, tampoco apareció más”, graficó este amigo de la familia.

Los únicos que aparecen son Corach, Daniel Scioli y Carlos Kunkel. Corach lo visitó hace tres meses y eso le hace muy bien. También Scioli se acuerda siempre de él; hace un tiempo le mandó un helicóptero para que lo fuera a visitar a su casa de Villa la Ñata, en Tigre. El es un tipo agradecido. Me acuerdo cuando Menem lo conoció: solía venir a pedir publicidad de YPF para la lancha y ahí se hicieron amigos”, concluyó. “El diputado Kunkel vino a visitarlo en marzo con el ex de la CGT Rodolfo Daer y le prometió ayuda para que no le salga el desafuero en el Congreso”, agregó.

Ve todo el día televisión

El Menem hiperactivo de la década de los noventa quedó ya en el olvido. Hoy cuenta uno de los pocos amigos que lo visitan a diario que “lo único que hace es ver televisión”. “Duerme mucho y cuando se levanta va de la cama al living, donde está la tele, y del living a la cama. Se la pasa viendo todo el día partidos de fútbol y la CNN. No pone un solo noticiero argentino ni programas de chimentos. Bueno, en realidad nunca le gustaron los chimentos, si le contás un chisme te cambia de tema”.

El ex presidente ya no juega al golf, casi no va a La Rioja y es raro verlo en el Senado. “Lo que pasa –agregó su amigo– es que no le gusta ir al Congreso. Primero porque aquella gente a la que él ayudó tanto ya no lo saluda. Es el caso, fijate, de Carlos Reutemann, que prefiere no darle la mano ni decirle hola para no quedar escrachado en una foto; el tipo es muy desagradecido. Pero no es el único, hay muchos más, como el caso de Felipe Solá o Dulce Granados”.

¿Sólo porque no lo saludan no va al Congreso?
–No sólo por eso, en realidad no le gusta la tarea legislativa. Siempre estuvo en el Ejecutivo.

Menem pasa cada vez más tiempo en su casa y si le dictan el desafuero y la Justicia ordena el arresto domiciliario no le va a cambiar nada, porque no sale de Echeverría 3535. A veces va a la agencia Toyota de Zulemita, pero cada vez menos. “Lo único que lo mueve a Menem es Zulemita”. Hace tres años la oposición lo esperaba en el recinto para discutir la coparticipación con las provincias del impuesto al cheque, y Menem faltó (como lo haría luego innumerables veces) para participar en un pelotero del cumpleaños de su nieto Luca, en el que según los presentes llegó a actuar con una nariz colorada de payaso ante los niños. “Yo lo único que quiero es no perder el amor de mi hija”, repetiría una y otra vez. Zulemita sabe lo que eso significa, y vive pendiente de su padre. Si bien trabaja de lunes a sábado en la agencia Toyota, trata de visitarlo seguido y de llevarle a sus hijos. Zulema, pese a todo lo que le hizo su ex marido, también es incondicional. “Zulema es una santa”, dicen todos. “Lo cuida, va siempre a visitarlo, no tiene rencor”. “La verdadera mujer de Menem es Zulema aunque ella diga lo que quiera”, le dijo a Democracia este viernes uno de sus mejores amigos.

El 2 de julio Carlos Menem cumple 83 años. Atrás quedó aquella fiesta de 450 invitados que hizo en el 2008 en el boliche La Diosa de la Costanera con una decena de espléndidas odaliscas, o los multitudinarios festejos de la década de los 90 en Anillaco. El año pasado solo fueron poco más de diez personas al restaurante Morena ubicado frente a Aeroparque. Zulema y Zulemita debieron regresar antes de su viaje a Dubai para que no estuviera solo.

Son difíciles para él los tiempos en que ambas están ausentes. Ayer madre e hija viajaron a Miami por un mes para aprovechar las vacaciones invernales del colegio Lincoln adonde va Luca. Serán unos días muy duros para Menem. Más solo que nunca, esta vez sí deberá seguir los canales de noticias de Argentina para conocer la decisión de la Corte y el pedido de desafuero pendiente en el Senado.

Qué bueno sería que Menem escriba sus memorias; no se salvaría nadie y se venderían como pan caliente”, reflexiona uno de sus amigos “de fierro” que aún le quedan. “¿Te imaginás qué escándalo?”.