Un informe del Barómetro Social de la Universidad Católica Argentina muestra que la pobreza ascendió un 24,5 % en el 2012, un 4,5 veces mayor al que difundió el INDEC. De acuerdo a los datos del Barómetro, sin los programas de Nación «la indigencia afectaría al 9% de la población”, es decir a uno de cada 10 argentinos.
El Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA presentó el Barómetro de la Deuda Social Argentina 2013: Desajustes en el desarrollo humano y social (2010-2011-2012). La apertura estuvo a cargo de Mons. Dr. Víctor M. Fernández, Rector de la UCA y la presentación del informe la realizó el Coordinador General e Investigador Jefe del Programa Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) – UCA, Agustín Salvia.
La tasa de pobreza llegó al 24,5% en 2012, una suba del 1,6% con respecto al año anterior, según el informe anual del Barómetro de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA).
Lo cual es 4,5 veces mayor al de las estadísticas oficiales, dado que el Indec estimó que la pobreza fue del 5,4% durante el año pasado, además el organismo oficial registraron una caída de la pobreza desde el 6,5% en 2011.
La divergencia entre los datos públicos y privados es de hasta cinco veces si se considera la cota máxima de la canasta básica, con una pobreza que afecta al 26,9% de las personas.
Si bien la tasa de indigencia tuvo una caída anual del 6,2 al 5,8% en 2012, resulta tres veces mayor a la del Indec, que fue del 1,5 por ciento.
“Sin los programas, la indigencia afectaría al 9% de la población”, dijo Agustín Salvia, investigador jefe y coordinador del Observatorio de la Universidad. Así, uno de cada 10 argentinos estaría bajo la línea de indigencia.
Los programas de contraprestación laboral beneficiaron a un promedio de 504.000 personas con un presupuesto anual superior a $5.700 millones.
La Asignación Universal por Hijo (AUH) cubre a 3,5 millones de niños, unas 1,8 millones familias receptoras de $511 mensuales a fines de 2012. Este presupuesto anual de $11.200 millones prácticamente duplica al que insume el conjunto de los planes con contraprestación laboral.
La inflación en torno al 25% anual se presenta como uno de los mayores obstáculos porque ataca a la salida de la pobreza. Los datos oficiales estiman que una persona hoy puede comer con 6 pesos por día. Además, tres de cada 10 hogares urbanos perciben que su ingreso total es insuficiente para satisfacer las necesidades de consumo. Y tan sólo el 15% de los hogares considera que tiene capacidad de ahorro, una caída del 2,2% con respecto a 2011. La capacidad se reduce al 4% de los hogares en los estratos muy bajos.
En tanto, la evolución de la inseguridad alimentaria total descendió de 13% a 11,7% entre los años 2010 y 2012, principalmente debido a la caída de la inseguridad alimentaria moderada. Las mayores probabilidades de presentar inseguridad alimentaria durante el mismo período se concentraron tanto en los hogares con niños como en aquellos con jefes en empleos precarios o subempleados y de estrato socioeconómico muy bajo.
Asimismo, se destaca el hecho de que aun cuando 2012 fue un año recesivo, la inseguridad alimentaria no se agravó, lo cual puede explicarse –entre otros factores– por la implementación de la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la permanencia de otros programas sociales que actuaron como un seguro ante la posible inestabilidad en el acceso a la alimentación.
Entre los años 2010 y 2012 la pobreza medida a través del enfoque de NBI (Necesidades Básicas Insatisfechas) no presentó cambios significativos. Simultáneamente, las desigualdades sociales se mantuvieron similares a lo largo del período, en tanto que fueron los hogares de jefes en empleos precarios o subempleados, con niños, del estrato social muy bajo y de villas o asentamientos precarios los que presentaron los valores más altos de déficit. En este sentido, se puede inferir que las medidas económicas señaladas no resultaron suficientes para revertir las condiciones de vulnerabilidad estructural en la que se encuentra al menos 1 de cada 10 hogares en la Argentina.
Entre los años 2010 y 2012 los ingresos totales familiares y per cápita a valores constantes evidenciaron un incremento moderado, el cual se explica íntegramente por la suba exhibida entre 2010 y 2011, puesto que entre 2011 y 2012, en un contexto recesivo, de elevada inflación e intensificación de la problemática laboral, los ingresos de los hogares perdieron capacidad adquisitiva. En lo que respecta a las brechas de desigualdad existentes en la distribución de los recursos monetarios, las mismas se mantuvieron aproximadamente con igual intensidad durante el período bajo análisis. Los hogares con jefe en empleo precario-subempleo, con niños, pertenecientes al estrato más bajo y localizados en villas o asentamientos continuaron presentando ingresos familiares totales y per cápita inferiores al promedio.
En tanto que las tasas de indigencia experimentaron una caída durante todo el período 2010-2012. Esto se explica por los aumentos de los montos que brindan los programas sociales de transferencia de ingresos (AUH principalmente), pues es válido recordar que la mayor parte del presupuesto de los hogares de más bajos ingresos está formada por este tipo de ayudas económicas. Por otro lado, el descenso de la tasa de indigencia se explicaría por el aumento del subempleo de subsistencia (una mayor auto-explotación de la fuerza de trabajo familiar).
Pero, más allá de la mejora exhibida en este indicador, «existe aún un importante porcentaje de hogares y población en situación de marginalidad económica estructural».
Datos
La Encuesta de la Deuda Social Argentina del Bicentenario 2010-2016 surge de un diseño muestral probabilístico de tipo polietápico estratificado y con selección sistemática de viviendas, hogares y población adulta en cada punto muestra (5712 hogares).
El universo geográfico del estudio abarca a una serie de grandes y medianos aglomerados urbanos: Área Metropolitana del Gran Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Mendoza, Salta, Neuquén: Plottier – Cipoletti, Mar Del Plata, Salta, Tucumán y Tafi Viejo, Paraná, Resistencia, San Juan, Zárate, La Rioja, Goya, San Rafael, Comodoro Rivadavia, Ushuaia y Río Grande.



