Análisis: Ser diputado, el nuevo sueño burgués
Por Leila Moreno Castro* para RiojaPolitica.com La noticia sorprende y llama a reflexión: más de 300 postulantes para ocupar una de las 18 bancas de diputados provinciales que se renuevan en los próximos comicios de Octubre. Médicos, humoristas, artistas, docentes, sindicalistas, deportistas, comerciantes, periodistas se anotaron en la carrera electoral. Al parecer, ser diputado es una función en alza. ¿Pero qué es ser diputado? ¿Qué atrae a tantos?
Algunos podrán afirmar que la lectura de tales números es positiva, que refleja un mayor compromiso ciudadano e interés por participar en las cuestiones públicas. No obstante, es válido también desandar otras líneas de análisis.
En la Constitución provincial, la primera atribución de la Cámara de Diputados que se lee es la de dictar leyes relativas a asuntos de interés público y general. Es decir, los diputados son los designados por el pueblo para dictar leyes que respondan al bien público.
A su vez, si repasamos los postulados acerca de la representación política de James Madison – cuarto presidente de los Estados Unidos, considerado uno de los padres de la Constitución de aquel país y cuyas ideas fueron de gran influencia en la teoría política argentina – podemos formularnos varios interrogantes más. Madison plantea que en las sociedades modernas, con múltiples “facciones” (grupos movidos por intereses particulares), el remedio para evitar los males partidarios – en los que una mayoría impone su interés particular perjudicando a las minorías – es el sistema republicano de gobierno. A diferencia de la democracia directa (el sistema por el que los ciudadanos se reúnen y administran personalmente el gobierno, imposible de sostener en sociedades tan grandes y heterogéneas como las contemporáneas), la República implica el sistema de representación política por el cual un grupo es elegido por el resto del pueblo para que lo represente en el ejercicio del gobierno, en sus tres poderes. ¿Qué características tiene ese grupo de elegidos, en el sentido literal del término? Lo conforman ciudadanos que velan por los intereses públicos antes que por los de las facciones, “cuyo patriotismo y amor a la justicia no estará dispuesto a sacrificarlo ante consideraciones parciales o de orden temporal” (El Federalista X, 1787). Son representantes del pueblo pero deben superar el espíritu faccioso que existe en el pueblo y ejercer su rol atendiendo al beneficio público y no el de algunos grupos. ¿Es a esta definición de representantes a la que hoy responden los centenares de postulantes a ocupar el cargo de diputado provincial? ¿O qué imagen es la que nos sugiere hoy tal función?
Entre el deber ser y lo que es
Puede ayudarnos a encontrar respuestas, el análisis que hace David Berlo, comunicólogo norteamericano, en una de sus obras más conocidas “El proceso de la comunicación”, donde la importancia de los roles para comprender cómo se comunica y actúa en forma colectiva un grupo social. Berlo parte de la definición de rol entendido como la combinación de conductas y posiciones dentro de un sistema social. Por ejemplo, el rol de médico hace referencia a lo que hace la persona en esa función y cómo se relaciona con otros roles en diferentes posiciones (cómo se relaciona el medico con el director del hospital donde trabaja, con el enfermero, con el paciente).
Todos desempeñamos múltiples roles en nuestra vida cotidiana: somos hijos, padres, hermanos, amigos, compañeros, jefes y/o empleados, ciudadanos, etc. Berlo explica que en sociedades heterogéneas como las nuestras, para comunicarnos con las personas (las que conocemos y las que no) nos valemos del aprendizaje de los roles, que hemos ido adquiriendo desde pequeños. Conocer los roles nos sirve para predecir la conducta de los otros, comunicarnos y actuar en consecuencia. En este sentido, la predicción de las conductas de rol es fundamental y está asociada a tres aspectos: prescripción (el deber ser de las conductas desempeñadas, aquello que la sociedad ha previsto formalmente y explícitamente para ese rol), descripción (aquello que realmente hacen las personas que ocupan esos roles) y expectativas (las imágenes que se forma la gente acerca de las conductas de quienes ocupan esos roles). El equilibrio entre estos tres aspectos ayuda a la eficaz predicción de las conductas y a una mejor comunicación. Pero cuando el deber ser y lo que realmente es, no coinciden, ello impacta en las expectativas de la gente, que terminan acercándose más a lo real que a lo ideal.
El de diputado parece ser un ejemplo de esta situación, sus conductas prescriptas pueden leerse en las leyes vigentes (allí están sus obligaciones de legislar en pos del bien público) pero las acciones de quienes han ocupado esos roles parecen no coincidir con lo que se prescribe. En consecuencia, las expectativas de la gente terminan asociando el rol de diputado más con las conductas que observan que con aquello que dice la Constitución debería hacerse. La imagen de diputado cada vez más se vincula a la del enriquecimiento económico, a una vida confortable, al bienestar burgués, a la ley del mínimo esfuerzo, todo muy lejano a las características que Madison, el teórico de la República, ponderaba para los representantes del pueblo. Las facciones que tanto riesgo implicaban para este autor ahora parecen hacerse cada vez más pequeñas, ya el riesgo no es que los representantes respondan a los intereses de sus partidos sino a sus intereses personales.
Por si queda alguna duda de la imagen social del rol de los diputados, podemos citar un informe reciente de la Universidad Católica Argentina (UCA) –Barómetro de la Deuda Social Argentina 2010 – 2012 -, que periódicamente mide distintos indicadores sociales, entre ellos, la confianza en las instituciones. Allí se describe que ocho de cada diez argentinos confía poco o nada en el Congreso (el sondeo es nacional pero puede ser válido también para mirar el ámbito provincial).
Volviendo al principio, reflexionar sobre qué motiva a centenares de ciudadanos a postularse como diputados, como representantes del pueblo, es también el ejercicio de repensarnos: ¿Qué sociedad tenemos cuando ser diputado se ha convertido en el nuevo sueño burgués?
*Periodista, Licenciada en Comunicación Social, Docente, Maestranda en Estudios Sociales.
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