Ricardo Quintela está tranquilo, habla pausado, mientras sirve unos mates en su casa. Está junto a algunos de sus hijos, quienes lo acompañaban y solo recibe a pocos. Cambió su ritmo en la tarde, tras la complicación cardiaca.
Lee los diarios de papel de Buenos Aires con el televisor con un canal de noticias encendido. Escucha el análisis político de Miguel Galeano cada tarde en Medios Rioja y sigue con el mate.
El intendente dejó para otra vida tomar decisiones apresuradas. Ya aprendió en las dos elecciones a gobernador que se presentó, que el tiempo es clave en la política.
Hoy el escenario es distinto, ya no está Ángel Maza, con quien mantiene una relación a través de la familia del ex gobernador, y en el 2015, tampoco competirá Luis Beder Herrera, su amigo de toda la vida, hoy distanciados por la política.
“Yo no tengo nada personal con el Beder. Todo es político”, dice a los bederistas que lo visitan o lo llaman por teléfono. Cree que el gobernador jugó mal con su sector al dar lugar en el gobierno a dirigentes que perdieron en las elecciones.
Y recuerda que cuando Beder Herrera enfrentó a Maza, solo estaba el quintelismo cerca del actual gobernador.
También aclara que el día que su hermana votó en contra de la 125 fue para saldar una deuda política. Fue a raíz que Néstor Kirchner lo lanzó como candidato a gobernador en el 2007 y en el medio del camino, lo abandonó. Luego habló con el desaparecido ex presidente.
Tantos golpes en las urnas maduró a Quintela, fundamentalmente para tomar una decisión. Quedó claro cuando tomó la decisión que no participaría ni él ni su sector en las elecciones legislativas. Hubo ofrecimientos de todo tipo y nada lo hizo cambiar, pese al enojo de dirigentes quintelistas.
Sirve otro mate, sostiene que quiere ser gobernador de los riojanos, pero no a cualquier precio. Por eso, dice que si se da, con orgullo asumirá el cargo, pero si la sociedad no lo apoya, tratará de recompensar el vacío de padre por su vida política.
El intendente cree que un frente político con fuerte presencia justicialista podría ser potable en La Rioja, especialmente porque es un pueblo peronista; al tiempo que la sociedad reclama un cambio y rechaza varias políticas actuales.
Ese frente podría tener varios colores políticos, aunque con candidatos propios. El quintelismo no entregará su poder territorial en la Capital y hasta se ilusiona con quedarse por lo menos con una banca de diputado nacional.
Mientras tanto, Quintela habla con ex y actuales intendentes, con ex y actual legisladores. Se podría dar una foto con Maza y Bernabé Arnaudo, y hasta con Julio Martínez e Ismael Bordagaray para pedir reglas de juego electorales claras.
Hoy el bederismo pierde en Capital, Chilecito, Chamical y Famatina, son departamentos en donde Quintela tiene buena relación, a través de referentes políticos que están agrupados en Fuerza Cívica.
Julio Martínez Gobernador, Quintela vice-jefe de Gabinete y Bordagaray diputado nacional con Alcira Brizuela podría ser una alternativa. Hugo Vera e Inés Brizuela y Doria para pelear la Intendencia y Armando Molina con ministro se podría dar. O los enojados con Beder Herrera para apoyarlo en toda la provincia, ya que hoy el bederismo pensante lo trata de contener para que no se vaya a Fuerza Cívica.
El tiempo que falta para dar la última palabra será hasta cuando Beder Herrera firme el decreto de convocatoria a elecciones.





