Politica

Sin pistas de Olivos, PJ nacional surfea y prioriza sobrevida territorial

Por Eduardo Nelson German · 8 de enero de 2015 · 09:49

A ciegas, en un esforzado ejercicio de adivinación, el peronismo empezó a ensayar, sin señales de Olivos, sus primeros movimientos para el safari electoral de 2015. El affaire Scioli, que estalló esta semana y generó críticas y minimizaciones del universo híper-K, se filtró como un condimento más de incertidumbre en un cóctel repleto de intrigas, silencios y mensajes cruzados.

Según Ámbito, en los últimos diez días, dos gobernadores, el mendocino Francisco «Paco» Pérez y la catamarqueña Lucía Corpacci, fijaron, sin que medie una intervención de la Casa Rosada, sus esquemas para encarar la elección que viene. Las dos provincias figuran en los paneos del PJ como «perdibles»: la amenaza de Julio Cobos, todavía presidenciable, pero a quien se presume inevitable gobernador, y el acecho de Eduardo Brizuela del Moral, que en 2011 cayó ante un PJ ahora destartalado.

En esos dos territorios se sintetizan, a grandes rasgos, los interrogantes y las urgencias que enfrenta la mayoría de los gobernadores del dispositivo K. Veamos:

•»Si a Cristina le importara la elección, nos diría algo. Pero no: no dice ni manda a decir nada. Así que yo lo interpreto eso como que no le interesa». Lo confesó, ante laderos, bajo promesa de silencio, un gobernador de los que todavía no fijó fecha de comicios y es una -hay otras- forma de interpretación del silencio presidencial, como un desinterés. En 2011, cuando jugó su propio destino, la Presidente digitó casi hasta el mínimo detalle el calendario electoral: armó una cascada de elecciones, mandó a encimar provincias del PJ con aquellas donde se anticipaban victorias opositoras y hasta negoció con José Manuel de la Sota para que, a priori, no se compute Córdoba como triunfo opositor, sino de un pan-peronismo. Hasta ahora, nada de eso ocurrió, aunque, es cierto, los tiempos de la Presidente pueden ser otros de los que reclama la ansiedad de los gobernadores. Frente a eso, el resultado ha sido el de priorizar los territorios. Corpacci, jaqueada, apostó a unir la elección a la nacional para que eventualmente la elección nacional sirva para ordenar el caos del PJ catamarqueño y a la vez para traccionar, para arriba, al candidato propio. El movimiento de Pérez es, a simple vista, engañoso: su reforma para impedir listas espejo -que un candidato a gobernador vaya colgado de varios presidentes- sugiere que enlazará la provincial con la nacional en octubre, pero, en paralelo, los intendentes quieren adelantar sus elecciones locales, lo cual podría derivar en un acuerdo para que municipios y provincias voten en fecha propia, despegada de la presidencial.

•El efecto despegue, que a mediados del año pasado parecía la regla, ahora se moderó por dos factores, según los datos que leen los gobernadores: el repunte de la imagen del Gobierno y el crecimiento de los candidatos oficialistas, en particular Scioli, con el deterioro de Sergio Massa. El nivel de competitividad electoral del dispositivo K incidirá sobre la determinación de varios caciques. Un caso: Eduardo Fellner, que buscará su re-reelección en Jujuy, confía en que una mejora del esquema general lo potencie a nivel local y le sirva para retener la provincia.

•Se trata, en rigor, de una doble navaja: algunos gobernadores necesitan un motor nacional mientras que, por la paridad que presenta la presidencial, las chances ganadoras del PJ varían, también, según la cantidad de provincias que se encimen. En 1999, el caso testigo, Carlos Menem, autorizó los despegues y eso, si no motivó la derrota de Eduardo Duhalde, al menos no colaboró con que haga una mejor elección.

•Sin indicaciones precisas de Olivos -se da por hecho que Cristina de Kirchner querrá incidir en las listas de legisladores nacionales- quedan provincias que no fijaron su calendario y que en sus análisis contemplan, además, otro factor interno: una eventual PASO fuerte en el FpV asoma para algunos gobernadores como un «ruido» porque eso podría servir a algún rival interno para plantársele adelante, montado de una ola nacional.