Un albañil comenzará este lunes a ser juzgado como el autor del crimen de Keila Luján Reinoso, la adolescente que en 2013 fue encontrada violada y estrangulada en una alcantarilla de la ciudad de Tinogasta. Se trata de Manuel Antonio Hernández (42), alias «Manolo», quien a partir de las 8 de este lunes será sometido a juicio oral y público por la Cámara Penal 2 de Catamarca, en el marco del segundo debate por «femicidio» en la historia judicial de esa provincia.
En el primer juicio, que terminó en junio de 2014, el Tribunal de Cámara de la Primera Nominación catamarqueño condenó, en un fallo unánime, a prisión perpetua a un hombre que descuartizó a su mujer, con la que tuvo dos hijos.
Por su parte, Hernández, oriundo de la provincia de La Rioja, llegó preso al debate y acusado del delito de «abuso sexual con acceso carnal seguido de femicidio».
Según las fuentes, este albañil era allegado a la familia de Keila y está acusado de haber interceptado a la adolescente cuando ésta salió de su casa para hacer unas compras en la localidad de Fiambalá, a unos 320 kilómetros de la capital provincial.
Siempre de acuerdo a la imputación que pesa sobre Hernández, éste llevó a Keila hasta el paraje El Shincal donde la violó y asesinó, y finalmente descartó su cadáver en una alcantarilla de la vecina ciudad de Tinogasta.
Las fuentes señalaron que se espera que en el juicio a «Manolo» declaren unos 25 testigos propuestos por las partes.
Keila (13) desapareció durante la mañana del 14 de diciembre de 2013, cuando salió de su casa, en la que vivía junto a sus padres y dos hermanitos, rumbo a una carnicería ubicada en el barrio Entre Ríos de Fiambalá.
Preocupada porque no regresaba a su hogar, Marylin Reinoso, la madre de Keila, fue a buscarla al comercio al que la había enviado pero allí le dijeron que la chica nunca había llegado.
Ante esa situación, la mujer primero pensó que su hija podría haberse fugado a raíz de una discusión que habían mantenido la noche anterior, por lo que se dirigió a la comisaría local para denunciar la desaparición.
A partir de esa denuncia, el personal policial se entrevistó con varios vecinos del barrio y realizó una serie de rastrillajes en busca de la adolescente, de los que llegó a participar el propio Hernández.
De hecho, el albañil fue detenido un día después de la desaparición como principal sospechoso ya que mantenía una relación cercana con Keila a la que en ocasiones llevaba en su vehículo a sus clases de educación física, a unas 15 cuadras de su casa.
Sin embargo, luego de unas horas, el albañil fue liberado por falta de pruebas, mientras que los investigadores continuaron con la búsqueda de la adolescente.
El 17 de diciembre del mismo año, alrededor de las 15.30, un grupo de trabajadores que realizaba tareas de mantenimiento de la ruta nacional 60 halló un bulto extraño en una alcantarilla, cerca del paraje Guanchín, que conduce al Paso Internacional de San Francisco, a 25 kilómetros de Fiambalá, por lo que alertó a la Policía.
Los pesquisas constataron luego que se trataba del cadáver de la adolescente, el cual estaba envuelto en una sábana, tirado boca abajo y con el pantalón a medio bajar.
Los peritos forenses enviados desde la capital catamarqueña determinaron que la víctima había sido violada y que murió por estrangulamiento.
Al reunir nuevos elementos de prueba en el domicilio y la camioneta de Hernández, la fiscal de la causa, Silvia Alvarez, ordenó la captura del sospechoso pero cuando lo fueron a detener, éste ya había abandonado Fiambalá.
Recién cuatro días después del hallazgo del cadáver, el albañil fue capturado en la localidad riojana de Famatina, en un procedimiento conjunto de la Policía local y la de Catamarca.
Los investigadores creen que al momento de ser detenido, el acusado, que había vivido muchos años en La Rioja, se dirigía a la casa de un hermano.





