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A un mes de las Primarias: ¿define la provincia de Buenos Aires?

0001153417Habiendo pasado más de la mitad del 2015, las distintas elecciones distritales ya empiezan a definir el panorama electoral. En total, ya se votó en 12 de los 24 distritos electorales del país -en diez ya fueron las Generales y en dos las Primarias- que representan aproximadamente el 42% del padrón nacional.

Los resultados de las elecciones muestran que en todos los distritos excepto Mendoza y Tierra del Fuego se impusieron los oficialismos, por ejemplo, la victoria del PRO en la Ciudad con Larreta, de Unión por Córdoba con Schiaretti y del Frente Progresista con Lifschitz en Santa Fe. En Mendoza la oposición logró desplazar al partido gobernante con la victoria de Alfredo Cornejo. En un escenario de relativa calma política y económica los oficialismos parecen ganarse la permanencia pero ¿es esto aplicable a nivel nacional? Este apoyo a los oficialismos provinciales, ¿es para que ‘nada cambie’ o estamos viendo la imposición del ‘cambio’ en contraposición a la continuidad del FpV en la Presidencia?

La realidad es que a nivel agregado, el FpV no ha conseguido ganar en ninguno de los distritos de mayor peso electoral: fue tercera fuerza en Capital Federal, Córdoba y Santa Fe mientras que en Mendoza fue segundo. Ahora bien, logró imponerse en distritos pequeños del norte del país -Salta, La Rioja, Chaco- y en Tierra del Fuego. En términos de participación; CABA, Córdoba, Mendoza y Santa Fe son casi el 30% del padrón contrariamente al apenas 7% de las provincias donde ganó el FPV.

Es cierto que las preferencias reveladas en las elecciones provinciales y de la Ciudad pueden no tener su final correlato con la elección del candidato presidencial de la misma afinidad. No obstante, parece lógico plantear cierta linealidad entre elecciones provincial-presidencial. Suponiendo que los votantes en los diferentes distritos mantienen las preferencias, la suma de los votos que ‘ya se ganó’ el FpV alcanza el 13% del total del padrón, un porcentaje muy similar a los 11 puntos que sumaría Cambiemos.

El panorama actual, con 12 elecciones celebradas, marca un similar caudal de votos entre Cambiemos y el FpV pero con una diferencia: las mejores performances de Cambiemos fueron en distritos grandes y el FpV capturó distritos pequeños y logró segundas y terceras posiciones en los de más peso.

¿Qué es lo que queda por definir? La provincia de Buenos Aires, que concentra el 37% del padrón, y el resto de los distritos que en conjunto suman el 21% restante (Tucumán y Entre Ríos con 3,5% y 3,2%).
Buenos Aires no sólo es el distrito más competitivo por su caudal de votantes sino que usualmente es considerada ‘la prueba de fuego’ de cualquier aspirante a la Casa Rosada. En rigor, al observar las últimas tres elecciones, los bonaerenses han elegido candidatos de la misma línea política del candidato presidencial ganador. Sólo en 1999 la victoria de Carlos Ruckauf – Felipe Solá sobre Fernández Meijide y en 1987 la de Antonio Cafiero durante el Gobierno de Alfonsín rompieron el patrón.

Parece claro que hacer una buena elección en PBA es definitorio. Sin embargo, a la luz de un escenario electoral como el actual con preferencias polarizadas entre dos candidatos, la posibilidad de que alguno de los candidatos pueda ganar en primera vuelta sólo por ‘ganar la Provincia’ no parece ser tan clara. Hoy por hoy, por ejemplo, la fórmula Scioli-Zannini necesitaría que se cumplan dos condiciones para evitar la instancia de noviembre (considerando más de 40% y diferencia de 10 puntos): ganar al menos el 50% del electorado bonaerense y, al mismo tiempo, que el frente Cambiemos no sume más del 20%. Es decir, habiendo obtenido el FPV segundas y terceras posiciones en distritos importantes como Capital, Córdoba, Santa Fe y Mendoza, el oficialismo nacional precisa que la Provincia ‘sobre-balance’ la pérdida de votos del interior y esto sólo para alcanzar un 40% en la presidencial (la historia nos dice que la mejor elección del FpV en aquí fue en 2011 con un 56% de los votos versus el 16% de la segunda fuerza).

La realidad es que, de acuerdo a las últimas encuestas, la posición de ambos frentes en la provincia se acerca más a un 43% para el FPV y un 25% para Cambiemos forzando así un escenario de ballottage 37 puntos para el primero a nivel nacional y 31% para el segundo. Aceptar esta segunda vuelta entre ambas fuerzas, no solo pondría en esta situación al electorado por primera vez desde el 1994 sino que además plantearía una especie de plebiscito entre cambio y continuidad.

Merece preguntarse si la condición de ‘ganar la provincia’ se reconfigura de alguna manera en un ballottage. A priori, la transferencia de votantes o el mismo voto estratégico parecen cobrar relevancia si, por ejemplo, alguna de las dos fuerzas logra concentrar los afines a los candidatos que quedaron afuera. Haciendo un cálculo sencillo, en lo que va del año, aproximadamente un 20% del electorado no eligió ni al FpV ni a Cambiemos; porcentaje nada despreciable si alguno de los contrincantes del supuesto ballottage puede alinear para sí en noviembre.

Por Juan Pablo Hedo, Consultor M&F Opinión Pública

 

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