Son días que se vienen muchas cosas a mi mente por la muerte de mi padre. Por eso, creo que es momento de hacer un balance de esta parte de mi vida. Hoy sentado en casa y rodeado por una bella familia riojana pienso porqué el destino me depositó en La Rioja. Existe una explicación familiar y una realidad de cientos de personas que llegaron a esta parte del país.
Mis abuelos murieron en La Rioja (están en el cementerio El Salvador) y gran parte de la familia paterna está en la provincia. No tuve la oportunidad de conocer a mi abuela, la de Chilecito, pero si a mi abuelo Roque, padre de mi padre. Mi abuela Consuelo Requelme Vega falleció a pocos días de que nazca, aunque hubo una persona que la suplantó, la tía Charo del barrio Vial.
Papá a su estilo siempre hizo que sea también esta nuestra tierra, ya que él estaba en La Falda, sierras de Córdoba, y nuestras vacaciones siempre eran aquí, en el calor abrazador. “Diciembre a La Rioja y porqué no enero”, una frase que siempre se escuchaba para este tiempo. Y además era un clásico pararse siempre en el monolito a Los de Alberdi en Chamical (si habremos almorzado allí).
Dormir en el patio de la casa de “Gilbert” (Elio Vega) era natural o ir hacer compras a Casa Alejandro o buscar la bebida fresca a la avenida San Francisco, a la embotelladora. 31 de diciembre también el Tinkunaco porque papá tenía de nombre Nicolás, como mi hijo y también mi sobrino, ya que no se podía dejar esa tradición para no olvidarse de las raíces.
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Esa es una breve síntesis familiar de la relación con La Rioja y ahora vamos a la realidad. Esta provincia se ha caracterizado por recibir cientos de personas de otras provincias que no tuvieron su oportunidad de progresar, entre ellas quien suscribe. Vivir en un lugar bello sin trabajo es una constante en los parajes turísticos del país.
Antes de mi radicación definitiva en La Rioja hubo una relación laboral porque muy joven transmitía rally, carreras de autos, y así conocí a Alberto Aguad, quien me abrió las puertas de su casa junto a su familia, como así también a Edgardo Vergara, y luego a Raúl Sosa, todos vinculados a los medios. De tanto ir y venir para cada Rally de La Rioja, un día surgió la propuesta de instarme aquí. Antes había estado en varios lugares, como Tucumán, ya que en la bella La Falda no había trabajo.
Al salir de la secundaria empecé a buscar mi destino y por ello, un “bolsito” que todavía lo tengo, me acompañó para concretar mi sueño. A La Rioja llegué con “una mano atrás y otra adelante” (no es solo una frase) y recuerdo que dormía en el suelo cerca del Regimiento, ya que no tenía cama, aunque tuve el acompañamiento de familiares y otras personas que recién conocía para plantar bandera en esta provincia.
Corría la década del ´90 y todos los ojos miraban a la tierra de Carlos Menem, que además produjo un éxodo desde Carlos Paz hasta Serrezuela, todos pueblos cordobeses sobre la ruta 38, a La Rioja. Cientos de familias llegaron aquí en búsqueda también de concretar su sueño.
Puedo gritar a los cuatro vientos que “La Rioja me dio todo y mucho más”. Todo lo que soñé y me regaló una familia con “riojanos” que me llevó a construir un enamoramiento con Sanagasta, el condado (a quienes muchos conocen por mis publicaciones en el país) y con cada uno de los rincones de la provincia (que conozco a todos).
Sin saber muy bien de estadísticas quizás el 30 por ciento de la población riojana no haya nacido aquí, solo hay que escuchar la tonada. Muchos quizás como uno no lograron realizar sus sueños en el terruño que los vio nacer y aquí si (tener lo material y lo humano).
Vivo en una tierra que todo se politiza, pero más allá de eso, ya que los conozco a todos desde hace 25 años, quiero hacer público esta historia de vida, ya que si La Rioja no me daba a mis abuelos (especialmente a mi abuela) no tendría papá (ese mismo de las grandes comidas en pleno verano riojano), por ende, no estaría yo aquí. Tampoco hubiera conocido a mi esposa y a toda su familia bien sanagasteña, y muchos menos tendríamos dos hijos bien riojanos.

Gracias Papá por habernos traído en la vieja Peugeot 403 todos los veranos a La Rioja y gracias La Rioja porque un día llegué “con una mano atrás y otra adelante” y me diste todo y mucho más. Te quise regalar esto papá, ya que este 29 sería tu cumpleaños.






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