Reducción del 40% en la mano de obra de la producción de aceitunas

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El impacto en la mano de obra por la reducción a un 40% de la producción de aceitunas y los efectos climáticos fueron las principales preocupaciones planteadas en un encuentro entre el Gobierno de La Rioja y el RENATRE (Registro Nacional de Trabajadores Rurales y Empleadores).

El delegado de La Rioja del RENATRE , Carlos Roqué, mantuvo una reunión esta semana con la secretaria de Trabajo, Myriam Espinosa, y el ministro de Producción, Fernando Rejal y representantes donde se discutió el efecto del mal clima en la producción de la provincia.

Las partes manifestaron su preocupación por los efectos climáticos y el impacto en la mano de obra por la reducción a un 40% la producción de aceitunas, y analizaron las necesidades del sector con miras a mantener las condiciones laborales. Se buscó generar acciones para evitar despidos, procurando la sustentabilidad de los productores y cuidar a las familias rurales de la provincia.

De la audiencia también participaron, por la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (UATRE), el secretario seccional, Raúl Omar Muga, secretario general de la Delegación La Rioja Capital, Omar Cedrón, el delegado de Federación Agraria, Juan de Dios Herrera y el representante de la Cámara Olivícola Riojana Diego Andrada.

Según un parte de prensa gremial, el RENATRE procura cuidar los puestos de trabajo del sector interactuando con organismos públicos y privados, proponiendo políticas que protejan el tejido social del campo.
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La crisis no es solamente olivícola sino también en las economías regionales, como vitivinícola. En Catamarca, la boleta de energía correspondiente a octubre de la empresa Cabernet de Los Andes, productora de los prestigiosos vinos Tizac, ascendió a $105.220 y alteró de modo dramático su estructura de costos.

Es un aumento del 89% en comparación con el período anterior. Para la firma, la energía pasó a representar el 40% de los costos totales, con un monto una vez y media superior al erogado en salarios.

Un disparate”, consideró Carlos Arizu, propietario del emprendimiento, que no obtuvo respuestas positivas en su reclamo a la EC SAPEM, donde le informaron que el incremento obedecía al aumento de los costos de la energía nacionales.

Con 60 hectáreas de viñedos y una bodega, Cabernet de los Andes produce en Fiambalá alrededor de 150 mil botellas de vino Tizac, Plenilunio y Vicien al año, de las cuales exporta el 40% a los Estados Unidos e Inglaterra. Creció mucho desde sus inicios, en 2000.

“Esto así no puede seguir. Tenemos un mercado interno deprimido y con alta inflación que vuelve inviable la producción: si los gobiernos no cambian el chip, vamos a ir a la quiebra en poco tiempo”, dijo Arizu.

Recordó que uno de los requisitos exigidos para habilitar los proyectos agrícolas y agroindustriales a fines de la década del ’90 era que se bombeara agua subterránea para el riego, en el marco de la ley de recuperación de tierras áridas.

“En 20 años pasaron de promover que se invirtiera para plantar en el desierto y ganar tierras, a inducirnos al cierre con estas políticas destructivas. Cuando voy por la ruta y veo las plantaciones que se están secando me dan ganas de llorar. Se están destruyendo activos, que son trabajo y la posibilidad de ampliar el mercado interno a través del consumo. De unas 24 mil hectáreas que había plantadas a fines de los ’90, quedaban 11 mil, menos de la mitad, en 2017. Calculo que en 2018 van a quedar 7 u 8 mil”, consignó.

En 2000, recordó, el costo de plantar una hectárea era de unos 25 mil dólares, de manera que la caída de la superficie plantada que se experimentó en Catamarca en dos décadas implica una pérdida superior a los 300 millones de dólares.

“Son activos que ha perdido Catamarca, la provincia, no solo los productores”, señaló Arizu.

“Anorexia”

“No entiendo esta política de anorexia productiva, que lleva al cierre de las fuentes de producción. Esta gente solo sabe restar, achicar, y de esta crisis brutal solo se puede salir creciendo. Si producimos más, todos los efectos serán positivos”, dijo Arizu.

Con más productos en el mercado, la inflación remitirá y se incrementará la recaudación, porque “el Gobierno es socio de los productores, se lleva al 50% de las utilidades en impuestos”. Además, habrá más empleo y en consecuencia mayor consumo y mayores ingresos al fisco por los aportes al sistema de seguridad social.

“Y hay que tener en cuenta que gran parte de la producción de esta provincia genera dólares, porque se exporta. Todos los efectos de promover el crecimiento de la producción serían benéficos para la provincia y para el país. Hay que cambiar el chip, porque de otro modo vamos al suicidio de la producción”, enfatizó.

En marzo de 2016, Arizu ya había advertido sobre los efectos letales que tendrían los tarifazos en el sistema productivo.”El costo de la energía es apenas inferior que el costo de los sueldos. No puedo dejar de pagar salarios para pagar la luz. Si no tenemos una solución, esto podría terminarse”, dijo entonces a El Ancasti.

Funcionarios del Ministerio de Producción se reunieron luego con productores y viñateros para abordar el problema.”Se nos escucha, pero porque es un problema de muchísimas empresas más. También le está pasando lo mismo a varios productores del sector olivícola. Hablé con algunos de ellos y estamos todos en la misma situación, que es de vida o muerte”, manifestó Arizu.

Más de dos años después de aquellas advertencias, la situación es mucho peor. Vale decir que las reuniones fueron infructuosas.

En 2016, las manifestaciones de Arizu obedecían a que la tarifa energética para su emprendimiento había pasado de $16.000 y casi $50 mil. Ahora el monto se ha duplicado y el costo de la energía, imprescindible para el riego por bombeo, superó con holgura el de los salarios.

En Cabernet de los Andes trabajan 7 empleados en forma permanente y entre 7 y 15 eventuales. Son puestos de trabajo en peligro por los factores que convergen contra la rentabilidad de la firma.

Si esto ocurre con Cabernet de los Andes, que coloca el 40% de su producción en el exterior y está gestionando para insertarse en el mercado brasileño, la situación de los emprendimiento productivos de menor envergadura que aún subsisten es mucho más dramática.

“Si no fuera por la exportación, esto ya se habría acabado hace tiempo, porque el mercado interno está muy deprimido y no nos permitiría sostenernos”, explicó Arizu, quien insistió en la necesidad de una viraje en las políticas productivas para al menos “mantener las cosas que están sobreviviendo” en la crisis.

El aumento del precio de la energía en los últimos años es señalado también como uno de los factores de mayor incidencia en la declinación del sector industrial, cuya crisis se manifiesta en Catamarca sobre todo en el rubro textil, donde los empleos perdidos suman centenares.