No es tiempo de gurú, es tiempo de política

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Permitir que un gurú diga lo que debe hacer el peronismo es una afrenta a la historia de un partido que dio hasta un Presidente desde Anillaco

Carlos Menem no necesitó de ningún gurú para llegar a la Presidencia de la Nación desde su pequeño pueblo en la costa riojana. Desde Anillaco se puso como objetivo ser el jefe de Estado e hizo algo lógico para alcanzarlo: política.

Construyó poder desde una pequeña provincia llamada La Rioja para llegar a todo el país y especialmente a Buenos Aires, y hasta ganarle a los popes del justicialismo de ese entonces.

La Provincia se caracterizó porque los más de 350 mil riojanos son políticos. Se habla, se respira y se discute política en cada uno de los hogares. Un niño conoce quien es el Presidente, quien es el Gobernador y de donde viene.

Que el peronismo permita que un gurú (que puede llamarse Mario Riorda o Juan Pérez) le marque el camino que deben transitar en un año electoral es una afrenta a toda la historia y a todos aquellos que han luchado y han puesto su cara para que el Justicialismo se mantenga en el poder desde 1983.

Intendentes, diputados y dirigentes históricos que saben lo que es la lucha de ideales, de los cuales algunos estuvieron presos por defender eso, no pueden aplaudir que un iluminado quiera darle clases de política en una tierra que dio al Chacho, Facundo, Rosario Vera Peñaloza, Joaquín Victor González y hasta Menem.

No son tiempos para tibios con el propósito de marcar posición en una tierra que uno se enorgullece que tiene ideología en cada uno de sus habitantes.

Mauricio Macri contrató un gurú para diseñar una campaña que faltó a la verdad y hoy todos los argentinos estamos pagando esa estrategia política. Los gurú solamente asesoran, los políticos hacen política y los periodistas opinan de la política de los políticos.

Es mi humilde opinión.

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