El asesinato del obispo Angelelli fue un pecado terrible contra Dios, dice un enviado del Papa

El Vaticano dispuso en 2018 que el obispo Angelelli, los sacerdotes Carlos Murias y Gabriel Longueville y el laico catequista Wenceslao Pedernera sean declarados beatos

El enviado especial del papa Francisco para la beatificación de los cuatro mártires riojanos que se hará el sábado en La Rioja, el cardenal italiano Angelo Becciu, aseguró que el asesinato de Enrique Angelelli y los otros tres nuevos beatos “fueron un pecado terrible contra Dios; son verdaderos mártires”.

El Vaticano dispuso en 2018 que el obispo Angelelli, los sacerdotes Carlos Murias y Gabriel Longueville y el laico catequista Wenceslao Pedernera sean declarados beatos, al probarse que su asesinato “In odium fidei” (por odio a la fe) durante la última dictadura militar, en 1976, constituyó un martirio.

“Son verdaderos mártires, de una época en la que la Iglesia, inmediatamente después del Concilio Vaticano II, tomó conciencia de que no se podía permanecer en silencio de frente a las injusticias sociales o a los grupos de poder que se garantizaban la existencia”, analizó Becciu en una entrevista con Télam en Roma sobre las motivaciones que han llevado a los denominados “cuatro mártires de La Rioja” a convertirse en beatos.

“Y ese es el caso en el que vivían nuestros mártires: hombres que con coraje supieron defender los derechos de los pobres a costo de ir contra los intereses de los latifundistas de la región”, enfatizó el purpurado italiano, creado cardenal por Francisco en junio de 2018, tras siete años como “número dos” de la secretaría de Estado del Vaticano.

“En esa época, los obispos católicos, especialmente latinoamericanos, tomaron impulso de los documentos conciliares para ponerse en primera línea en el defender los derechos de las clases menos favorecidas y para fomentar que los cristianos se empeñen más en el campo social. Se disipaba así la definición marxista de la religión como ‘opio de los pueblos’, vista como una ‘ideología’ que adormecía las conciencias de los creyentes, volviéndolos indiferentes a las formas de injusticias terrenas y llevando la felicidad al paraíso”, analizó el cardenal de 70 años.

“La mentalidad caricaturizada que reinaba en ese momento hacía creer que al rico le bastaba hacer buenas limosnas para ganarse el paraíso y que no importaba si su riqueza se había acumulado sobre la piel de los explotados. Con el Concilio y los sucesivos documentos pontificios, como la Populorum Progressio de Pablo VI, donde la propiedad privada ya no aparecía como un derecho absoluto, sino que se le atribuía el propósito de la función social; se engendró en la Iglesia una nueva mentalidad de compromiso con la Justicia Social”, agregó.

Becciu enfatizó de todos modos que esa mirada que encarnaron Angelelli y los otros tres mártires “no se trataba de justificar la insurrección armada o el odio de clases, lo que es manipular el Evangelio, sino de buscar hacer concretos los lineamientos del Concilio, o sea la opción por los pobres, llevarle dignidad al pueblo, llevándolos a conquistar sus derechos y, como cristianos, a descubrir a Dios y a vivir el Evangelio”.

En ese marco general, Becciu reconoció el lazo entre la figura de Angelelli y la del obispo salvadoreño Oscar Romero, canonizado el año pasado por el Papa en el Vaticano: “Están relacionados por su esfuerzo para salvaguardar la dignidad de los pobres e ir contra los poderes que ignoraban esto”.

En ese contexto, explicó Becciu, “en el caso de Angelelli se da que le quitan la vida no por motivos políticos, sino que lo hicieron para ir contra un hombre que predicaba el Evangelio. Lo que técnicamente se llama ‘In odium fidei’. Si fuese por motivos políticos, no estaría la declaración de martirio, la Iglesia lo reconoce solo cuando se prueba que hubo motivos contra la religión, contra Jesucristo. Y Lo de Angelelli y los otros mártires fue un pecado contra Jesucristo. Ellos fueron asesinados en cuanto testimonios fieles y coherentes del Evangelio”.