Politica

Alberto Kohan: Desde que recuerdo, Carlos Menem siempre se propuso ser Presidente

Yo llegué a La Rioja en el año 1973 como geólogo, y ocupé distintos cargos en la administración provincial hasta enero de 1976, durante la gobernación de Carlos Menem. Él siempre dijo que un día iba a ser presidente de la Nación. Lo decía incluso cuando estaba detenido. En particular recuerdo que estando preso en Magdalena durante la dictadura, Menem seguía diciendo que un día iba a salir y que quienes lo mantenían prisionero estarían en su lugar y él en la Casa Rosada, como presidente de los argentinos.

Debo decir que algunos dudaban de su salud mental al escucharlo decir estas cosas, pero efectivamente sucedió.

Nos reencontramos en Córdoba, en 1981, cuando concluyó el confinamiento de Carlos Menem en Las Lomitas (Formosa), y en ese mismo momento empezamos a recorrer el país. Él no desdeñaba ningún lugar, ni ningún compañero. A todo le daba importancia y tiempo. Podía desplazarse kilómetros tanto para un acto numeroso como para tomar unos mates con uno, dos o tres compañeros. En eso fue incansable. Al final del recorrido, cuando hubo que poner las cartas sobre la mesa, primero para la interna con Antonio Cafiero, a mediados de 1988, y luego para la general, en mayo del 89, Menem tenía por lo menos un amigo en cada rincón de la Argentina. Y esto es literal: hasta en el más pequeño paraje, y eso fue decisivo, tanto para consagrarse como candidato del PJ como después para ganar la presidencia.

Pero tengo que volver atrás. Porque en 1983 vino la retirada del gobierno militar y se inició la campaña por la gobernación de La Rioja. A la provincia la recorrimos entera muchas veces. Algo me quedó grabado. Estábamos en Chamical viendo el acto en la avenida 9 de Julio, el cierre de campaña del doctor Ítalo Luder, candidato presidencial del PJ, y Carlos me dijo: “Alberto, perdemos”… y eso también sucedió.

Cuando ganó la gobernación, yo me mudé de Córdoba a Buenos Aires y en la Casa de La Rioja creé la Oficina de Cooperación Internacional, que fue un instrumento para proyectar su imagen al exterior. A diferencia de otros dirigentes, Menem siempre tuvo clara la importancia de la política exterior y fue consciente de que no puede diseñarse un proyecto de gobierno sin tener una lectura acertada de lo que pasa en el mundo.

Desde la Oficina, todos los meses, llevábamos a La Rioja a un embajador extranjero y con él recorríamos la provincia. En 1985, incluso el senador Edward Kennedy visitó a Menem e hizo un histórico brindis por el futuro presidente de los argentinos.

También en esa época -Menem todavía era gobernador- viajamos a Europa con Antonio Erman González (que más tarde ocupó varios ministerios en su gobierno). En esa oportunidad, fuimos recibidos por primera vez en misa y audiencia privada por el papa Juan Pablo II, reunión que se se repetiría varias veces.

(AFP)
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Siempre me sentí parte del proyecto Menem presidente y nunca dudé del triunfo, ni aun en los momentos en que, enfrentados a 14 gobernadores justicialistas alineados con Antonio Cafiero, y acompañados sólo por Ricardo del Val (entonces gobernador de Santa Cruz), algunos dudaron.

La de julio de 1988, que dirimió a candidatura del PJ entre Menem y Cafiero, fue la última elección interna del justicialismo por voto directo y distrito único. Ganamos contra todos los pronósticos; quiero decir los del establishment institucional y mediático.

La campaña interna tuvo un elemento importante que fue la FEPAC (Fundación de Estudios para la Argentina en Crecimiento). A ella se sumaron miles de entusiastas militantes que fueron el soporte de la campaña, en la elección interna y en la general.

Recuerdo la intensidad de la campaña interna con aquellas caravanas irrepetibles donde cientos de miles de personas esperaban el paso y el saludo de Menem. Eran fe y esperanza, dos cosas imposibles de comprar.

De caravana con el Menemóvil: Eduardo Duhalde, Carlos Menem y Miguel Ángel Toma. Detrás, en tercera fila, Claudia Bello. A su lado, de pie, camisa blanca, Carlos Grosso
De caravana con el Menemóvil: Eduardo Duhalde, Carlos Menem y Miguel Ángel Toma. Detrás, en tercera fila, Claudia Bello. A su lado, de pie, camisa blanca, Carlos Grosso

Ganamos la interna en julio de 1988 y empezamos de inmediato la campaña por la presidencia, con la misma fuerza que la interna, pero en un país cada vez más convulsionado y con medios de comunicación y encuestadores, de los que no sé si puedo decir que estaban en contra, pero sí que estuvieron notoriamente equivocados.

Para ese entonces, Menem ya estaba acompañado por Eduardo Duhalde, un destacado intendente de la provincia de Buenos Aires -de Lomas de Zamora-, que sería su compañero de fórmula.

Llegamos a cada lugar del país en avión, en menemóvil o como fuera y en cada lugar encontramos la misma pasión. Para mi, las caravanas, los recorridos y los actos son momentos que no olvidaré y que agradezco haber vivido.

(NA)
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El triunfo en la elección general era más que previsible, sobre todo en un país que estaba económicamente muy complicado y que recibimos con el 5000 por ciento de inflación y sin recursos en el Banco Central.

Siempre recuerdo que el doctor Rodolfo Terragno llegó a La Rioja para discutir la transición, y estábamos en eso, cuando me avisan que el presidente Alfonsín había pedido la cadena nacional. Le avisé al presidente electo y le dije: “si pidió la cadena, es para renunciar”, y así fue.

Afortunadamente, el Presidente ya tenía definido el gabinete, in pectore, como le gustaba decir.

De aquella experiencia, rescato el liderazgo de Menem, que tuvo que asumir el gobierno anticipadamente y sorteó no pocos obstáculos para estabilizar el país en los primeros meses de gestión.

Pero sobre todo, recordando aquellas campañas de 1988 y 1989, creo que nuestro homenaje debe ir hacia aquello que fue la verdadera clave de los triunfos: la militancia. La de todos y la del “número uno”. Porque Menem fue un militante incansable en aquellos años.

Por Alberto Kohan, dos veces Secretario General de la Presidencia durante las presidencias de Carlos Menem para Infobae