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Como lo hizo en la campaña, el radicalismo se peronizó

El radicalismo aprendió a realizar política, como así también a ganar elecciones. Sabe que solo no puede y suma todo aquello que esté afuera del sistema oficial en la provincia. Le va bien con esa modalidad, implementada en las últimas campañas, ya que se dio el lujo de ganarle a Carlos Menem, Luis Beder Herrera y hasta al peronismo tradicional en la capital riojana.

Inés Brizuela y Doria tomó nota que no puede administrar una isla, ya que necesita del aporte del gobierno nacional. Ya lo había hecho con entablar una respetuosa relación institucional con el gobernador Ricardo Quintela.

La intendenta dejó la boina roja en La Rioja y apareció en el corazón del kirchnerismo para hablar claro sobre que necesita de la Casa Rosada para gobernar los próximos cuatro años.

No viajó sola, ya que lo realizó con Teresita Luna, conocedora de los pasillos del kirchnerismo y hasta de sus secretos. El peronismo gobernante local minimizaba la gira de la administradora del Palacio Municipal.

Cristina, la vicepresidenta, sabe del desembarco de la ex integrante del Consejo de la Magistratura en despachos que ella designó a los funcionarios.

Brizuela y Doria estuvo en el Ministerio del Interior y la recibió Wado de Pedro y recorrió las áreas del Ministerio de Desarrollo Social por el plan Argentina contra el hambre, entre otras reuniones públicas y privadas.

Claro está que los resultados no se verán inmediatamente, pero frente a la agenda que tienen los funcionarios K, es todo un gesto político de sentarse a dialogar con una reconocida radical. Esa misma que le sacó la Intendencia al viejo peronismo.

Obvio que si se cristaliza lo hablado (recursos y obras) será un acuerdo político y por lo cual, se verá como se mueve Julio Martínez y Felipe Álvarez como representantes de Juntos por La Rioja en el Congreso de la Nación.

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