La Rioja, un bastión peronista que se quedó sin el tren del desarrollo
La provincia ha sido gobernada por el PJ de forma ininterrumpida desde 1983, pero no logró capitalizar los períodos de poder de sus líderes nacionales. A 42 años del regreso de la democracia, la dependencia de los fondos federales es su principal deuda histórica.
La provincia de La Rioja es un caso atípico en el mapa político argentino. Desde el regreso de la democracia en 1983, el peronismo ha gobernado de forma ininterrumpida, consolidando un poder que se ha mantenido a lo largo de 42 años. A pesar de esta hegemonía, la provincia ha desaprovechado oportunidades únicas para impulsar su desarrollo, incluso cuando sus propios líderes ocuparon los cargos más altos del poder nacional.
La historia de La Rioja está ligada a dos momentos clave de la política argentina que no supo capitalizar. El primero, el período de Carlos Menem, quien gobernó el país durante 10 años (1989-1999). Durante la «década menemista», la provincia riojana, cuna del entonces presidente, recibió un flujo de inversiones y un trato preferencial que no se tradujo en un desarrollo económico sostenible. La matriz productiva, basada en la industria y el empleo público, se mantuvo sin cambios, perpetuando la dependencia de los fondos federales.
La paradoja de los fondos de Alberto Fernández
El segundo momento de oro se dio durante el gobierno de Alberto Fernández (2019-2023). En un intento por fortalecer el federalismo, el entonces presidente destinó a La Rioja una cantidad de fondos nacionales sin precedentes. La provincia, bajo la gestión de Ricardo Quintela, fue la que más recursos recibió por habitante, superando incluso a distritos con mayor peso político.
Sin embargo, a pesar de la lluvia de millones, la estructura económica de la provincia se mantuvo intacta. La inversión no se tradujo en un sector privado fuerte ni en la generación de empleo genuino. El dinero se utilizó principalmente para el pago de salarios y para proyectos de obra pública que no lograron reactivar la economía local a largo plazo.
Un modelo que se agota
La llegada de Javier Milei a la presidencia, con su política de «no hay plata», ha expuesto la fragilidad de este modelo. El recorte de fondos y la paralización de la obra pública han dejado a La Rioja en una situación de asfixia financiera, obligando al gobierno provincial a buscar alternativas drásticas como la emisión de una cuasimoneda.
En este contexto, la hegemonía peronista en La Rioja, que debería haber sido una ventaja para el desarrollo, se ha convertido en una deuda histórica. La provincia se encuentra atrapada en un círculo vicioso de dependencia y asistencialismo, con una economía que no logra crecer por sí sola. La pregunta que se hacen los riojanos es si esta nueva crisis será finalmente el motor para un cambio profundo o si la provincia seguirá esperando un tren de desarrollo que, hasta ahora, nunca llegó.