El procesamiento y la prisión preventiva dictada contra la exjueza riojana por pedir una coima de $8 millones expone las fisuras en el Poder Judicial. La reacción inmediata del gobernador Ricardo Quintela, solicitando su destitución, marca un intento de diferenciación política clave en un contexto de alto enfrentamiento con la Nación.
El dictamen de prisión preventiva contra la exjueza Norma Abate de Mazzucchelli por el delito de «concusión» cierra un capítulo escandaloso que sacudió los cimientos del Poder Judicial en La Rioja. La exmagistrada, acusada de exigir 8 millones de pesos para destrabar una sucesión, no solo fue destituida, sino que ahora enfrenta la vía penal, demostrando que la Justicia riojana, aunque con demoras y «obstáculos», está dispuesta a avanzar.
Este caso, sin embargo, trasciende el ámbito judicial y se convierte en un hecho político de alto voltaje para el gobierno de Ricardo Quintela.
El Gesto de Quintela: una rápida duda de corrupción
Cuando la denuncia de la comerciante Manuela Saavedra y la cámara oculta se hicieron públicas, la reacción del gobernador fue inmediata y estratégica. Quintela afirmó que los hechos eran «inaceptables y de una gravedad absoluta» y solicitó la separación y la investigación de la jueza.
Este gesto político fue crucial por dos motivos:
- Blindaje Institucional: Al reaccionar con dureza y solicitar el jury de enjuiciamiento (que terminó en la destitución), Quintela buscó despegar a su gestión del escándalo y mostrar una firmeza en el combate a la corrupción, evitando que el caso se convirtiera en un arma arrojadiza contra el peronismo provincial.
- Mensaje a la Oposición: En un contexto de máxima confrontación con el presidente Javier Milei y el avance de La Libertad Avanza (LLA) en la provincia, este tipo de acciones rápidas son vitales para no dar munición política a la oposición, que busca erosionar el control peronista riojano.
La crisis de confianza en un contexto frágil
La Justicia riojana opera en un ecosistema político que no admite fisuras. La Rioja es una de las provincias con mayor dependencia de los fondos federales y su gobernador se encuentra en una posición de extrema debilidad tras la victoria electoral pírrica de octubre y el aislamiento de las negociaciones con Interior.
En este marco de fragilidad, un escándalo de corrupción que compromete a un funcionario clave del Poder Judicial socava la confianza de la ciudadanía en la administración de justicia, justo cuando Quintela necesita fortalecer su imagen tras la debacle electoral.
El avance en la causa por «concusión» (que castiga a funcionarios que se aprovechan de su cargo para exigir dinero) envía una señal de que la provincia, a pesar de sus problemas financieros y políticos, tiene cierta capacidad de respuesta institucional.
El Desafío Futuro: Para Quintela, el saneamiento de las instituciones provinciales será una prioridad en el relanzamiento de su Gabinete. La celeridad y la contundencia con la que se resuelva la vía penal de Abate de Mazzucchelli serán un termómetro de la voluntad política para restaurar la imagen del Poder Judicial riojano.





