Guerra de clanes en La Rioja: el ministro y esposo de la sobrina de Quintela contraatacó a los Menem y agitó el fantasma de los 90
Ernesto Pérez, titular de Producción y pareja de la presidenta del Tribunal Superior de Justicia, salió al cruce de las denuncias libertarias; acusó a la familia del titular de Diputados de «cobrar el agua sin inversiones» y defendió el «modelo de paz social» del gobernador.
La respuesta del oficialismo riojano a las denuncias de corrupción y despilfarro no se hizo esperar, y llegó desde el riñón más íntimo del poder provincial. Ernesto Pérez, ministro de Producción y pieza clave del entramado institucional por su vínculo matrimonial con Karina Becerra —sobrina del gobernador y actual jueza del Tribunal Superior de Justicia—, eligió la confrontación directa contra el apellido Menem para defender la gestión de Ricardo Quintela.
A través de sus redes sociales, el funcionario intentó desviar el foco de los «agujeros negros» financieros denunciados por Martín Menem y planteó una batalla histórica: el modelo actual contra la herencia de los años 90. Pérez vinculó directamente a la administración de Javier Milei y al presidente de la Cámara de Diputados con las viejas prácticas del menemismo.
«La Argentina de Milei, de Martín Menem, en época de los Menem, los amigos de Eduardo cobraban el agua porque inversiones no hicieron», disparó Pérez, apuntando contra la figura de Eduardo Menem, padre del actual titular de la Cámara baja y exsenador histórico.
El contraataque: la «cooperativa» y el pasado
Lejos de responder puntualmente sobre las SAPEM o los gastos en eventos deportivos, el ministro optó por una estrategia de espejo retrovisor. Aseguró que la provincia todavía sufre las consecuencias de aquella década: «Aún hoy estamos pagando los resultados de los ‘amigos de Eduardo’, eso quieren para La Rioja».
En un tono críptico pero amenazante, Pérez insinuó la existencia de negocios opacos en el pasado de la familia Menem: «¿Querés que hablemos de una cooperativa económica? Te contamos la de los ‘amigos de Eduardo’ en los 90».
Defensa corporativa y paz social
El descargo del ministro funcionó también como un cierre de filas interno ante la crisis política. Pérez reivindicó la administración de Quintela como un baluarte de estabilidad frente a la política nacional. «Eso en La Rioja de Ricardo Quintela no pasa», afirmó, buscando contrastar con el ajuste nacional.
Según la visión del funcionario, existe una ofensiva externa coordinada contra la provincia. «A pesar de los ataques y de la campaña de odio, la realidad es paz social, servicios públicos, seguridad y salarios y aguinaldos al día», sentenció, omitiendo referencias a la emisión de cuasimonedas o a la deuda en default que enfrenta el distrito.
El poder todo queda en familia
La intervención de Pérez no es la de un ministro más. Su figura representa la concentración de poder del «quintelianismo». Su esposa, Karina Becerra, pasó de ser funcionaria del Ejecutivo a encabezar la justicia provincial, un movimiento que en su momento generó fuertes críticas de la oposición por la falta de independencia institucional.
Al salir al cruce de Martín Menem, Pérez expuso la naturaleza del conflicto que se avecina en 2026: una disputa territorial entre dos dinastías políticas —los Quintela y los Menem— que luchan por la hegemonía en una provincia dependiente de los recursos estatales, donde la línea entre lo público, lo familiar y lo partidario parece cada vez más difusa.