Politica

Desafiante ante el ajuste nacional, el interior riojano se aferra a la «billetera provincial» para sostener el verano de los festivales

Por Eduardo Nelson German · 4 de enero de 2026 · 12:00

En medio de la sequía de recursos que impone la Casa Rosada, el intendente de San Martín, Uriel Vargas, admitió que sin el auxilio financiero de Ricardo Quintela sería «imposible» realizar la 27° edición del festival local; la defensa del gasto público como motor de la economía vecinal y el mensaje político desde los Llanos.

Lejos de la motosierra y la austeridad fiscal que pregona el gobierno de Javier Milei, el interior profundo de La Rioja decidió inaugurar su temporada estival con una apuesta política y económica diametralmente opuesta: la reivindicación del Estado como garante de la fiesta popular y el movimiento comercial. Desde Ulapes, cabecera del departamento San Martín, el intendente Uriel Vargas no solo confirmó la realización de su tradicional festival, sino que expuso sin eufemismos la dependencia absoluta de las arcas provinciales para mantener encendida la maquinaria del entretenimiento en tiempos de crisis.

El oxígeno de la «Chaya» política

Mientras la Nación audita cada peso transferido a las provincias, en los Llanos riojanos la lógica es otra. Para el jefe comunal, el evento de dos noches que congrega a la región no es un gasto superfluo, sino una medida contracíclica necesaria. «Si nosotros no tuviéramos esa posibilidad [el apoyo del gobierno provincial], para nosotros sería imposible poderlo llevar a cabo al festival», confesó Vargas, blanqueando que la recaudación propia y el sponsoreo privado resultan insuficientes para sostener la estructura.

Esta declaración, lejos de ser inocente, ratifica la estrategia del gobernador Ricardo Quintela de no ceder terreno territorial ante el avance libertario encarnado por Martín Menem. Financiar los festivales departamentales se convierte así en un acto de resistencia política: allí donde el mercado se retrae, el Estado provincial avanza para garantizar el «pan y circo» —o en este caso, «canto y danza»— que dinamiza la microeconomía de los pueblos.

La justificación económica: «Restablecerse» del ajuste

Vargas, alineado con el oficialismo provincial, construyó su defensa del evento sobre la base de la demanda social y la necesidad de reactivación. «El festival lo hacemos porque la gente nos pidió, una mayoría nos pidió», aseguró, apelando al mandato popular para legitimar la inversión pública.

El intendente describió un escenario desolador durante el último ejercicio, marcado por las variables nacionales y climáticas. «Hemos tenido un año bastante complicado en todos los sentidos: económico, climático; hay un montón de factores que se nos ha jugado en contra», señaló. Bajo esta premisa, el festival actúa como un respirador artificial para el comercio local, golpeado por la recesión.

«Queremos ayudar a que la economía local pueda restablecerse. Las panaderías llenas, los almacenes llenos, los quioscos, los hospedajes, las ventas de comidas, todo repleto», enumeró Vargas, buscando contrastar el «gasto» con el «derrame» inmediato en la comunidad.

Entradas «populares» y subsidio estatal

La ecuación económica del festival revela la magnitud del subsidio. Con un abono de $30.000 para las dos noches y entradas diarias a $20.000, los precios se mantienen artificialmente «accesibles» gracias al aporte del tesoro provincial, en un contexto inflacionario que haría inviable estos valores sin subvención. «Hemos tratado en lo posible de buscar el mejor precio… pensando siempre en el bolsillo de la gente», justificó el intendente.

El mensaje desde Ulapes es un microcosmos de la batalla cultural y económica que se libra en La Rioja. Mientras Martín Menem y la Casa Rosada exigen eficiencia y denuncian el uso clientelar de los fondos, los intendentes del PJ, como Vargas, se abroquelan bajo el paraguas de Quintela y defienden el rol del Estado omnipresente. «Durante el año siempre hay un trabajo conjunto, coordinado con el gobierno provincial… si no, sería imposible», reiteró el jefe comunal, dejando en claro de qué lado de la grieta se parará el interior riojano en este enero caliente: del lado de quien firma los cheques.