Politica

La política del show en La Rioja: el gobierno apuesta a los festivales para anestesiar el reclamo por los sueldos de pobreza

Por Eduardo Nelson German · 17 de enero de 2026 · 11:02

En una maniobra de alto riesgo, la administración provincial decidió contrarrestar el malestar de los empleados estatales con una millonaria agenda de fiestas populares. Las grillas de artistas estelares en el interior chocan con el discurso oficial de la «asfixia financiera». La apertura del Chayero Sanagasteño, con la plana mayor del gabinete en primera fila, confirmó la estrategia de usar los escenarios como escudo político.

La Casa de las Tejas puso en marcha su plan maestro para el verano 2026: desplegar una cortina de música y entretenimiento que sirva para amortiguar la tensión social. Frente al creciente reclamo de los trabajadores públicos, que ven sus salarios licuados por la crisis, el gobierno provincial optó por financiar una temporada de festivales con carteleras que envidiarían las grandes capitales, desafiando su propia narrativa de escasez de recursos.

La contradicción expone una decisión política deliberada. Mientras los funcionarios repiten que la provincia sufre un ahogo económico por el recorte de fondos nacionales, los escenarios de los departamentos se iluminan con contratos artísticos millonarios. La lógica oficial busca ganar la calle desde el festejo y no desde la gestión económica, apostando a que el clima festivo diluya la bronca por los bolsillos vacíos.

Vidriera política en Sanagasta

La estrategia tuvo su puesta de largo este viernes por la noche en la apertura del Chayero Sanagasteño. El evento no fue solo un encuentro musical, sino una demostración de fuerza política. En el palco principal, y lejos de la austeridad, se mostraron los ministros Gustavo Luna (Turismo y Culturas) y Miguel Zárate (Seguridad y Justicia), quienes acompañaron al intendente anfitrión, Federico Sbiroli.

La foto de los funcionarios sonrientes bajo las luces del festival envía un mensaje claro hacia la interna y hacia la sociedad: el modelo de gestión quintelista ratifica el gasto en eventos masivos como una política de Estado innegociable, incluso cuando las cuentas públicas crujen. Para el oficialismo, estos eventos dinamizan las economías regionales; para la oposición y los gremios, representan un despilfarro que ignora las urgencias del sistema de salud y educativo.

Grillas de lujo, sueldos de ajuste

El contraste entre la inversión en los escenarios y la realidad de las cuentas provinciales es abismal. La Rioja atraviesa una de sus crisis laborales más severas, con una caída del empleo privado registrado del 12,9% desde el cambio de gobierno nacional, cifra que la ubica como la segunda provincia más afectada del país.

Además, las finanzas locales entraron en terreno negativo: el tercer trimestre de 2025 cerró con déficit financiero, producto de un gasto que creció al 16,4% real mientras los ingresos apenas repuntaron un 3,5%.
Sin embargo, las grillas de los festivales departamentales sorprenden por su despliegue.

Nombres consagrados de la música nacional figuran en los carteles de cada fin de semana, financiados con un erario público que, según los datos de deuda, debe casi 1,4 millones de pesos por cada habitante riojano.

La interna se juega en el VIP

Los festivales funcionan también como el gran teatro de operaciones para la sucesión de 2027. Con la obra pública nacional paralizada —la inversión real directa cayó un 99% en el último año—, los intendentes y ministros encuentran en las fiestas populares la única vidriera disponible para mostrar «gestión» y cercanía.

La presencia de figuras centrales del gabinete en Sanagasta confirma que el gobierno no cederá la iniciativa política. La apuesta es clara: inundar la provincia de celebraciones para que el ruido de la fiesta tape, al menos hasta marzo, el reclamo salarial de una administración pública que cobra sueldos de subsistencia en una provincia endeudada en dólares.