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La crisis económica vacía las calles de La Rioja: persianas bajas, falta de crédito y la odisea de llegar a fin de mes

La caída del consumo, la falta de créditos y los alquileres sin control configuraron un escenario de recesión profunda en la capital provincial. El crudo panorama comercial deja un tendal de desempleo, mientras las familias riojanas se endeudan para comer y deben elegir qué servicios básicos dejar de pagar.

Caminar hoy por el microcentro de la capital riojana es toparse con una postal que duele: persianas bajas, vidrieras empapeladas y carteles de «alquila» que se multiplican semana a semana. La profunda crisis económica que atraviesa el país golpea con una crudeza particular a la provincia, dejando un saldo de más de 40 comercios cerrados en el último año tan solo en un radio de tres calles céntricas.

El relevamiento, expuesto y debatido por periodistas en el canal local Medios Provincia, grafica un escenario de «abandono total». Arterias históricamente comerciales y peatonales de alto tránsito, como Joaquín V. González, Alberdi y Bazán y Bustos, son la zona cero de esta recesión. Entre las pérdidas más sentidas se cuentan desde pequeños y coquetos cafés en esquinas estratégicas hasta históricos locales de venta de electrodomésticos, como el emblemático edificio donde funcionaba San Francisco.

La tormenta perfecta: alquileres por las nubes y falta de crédito

El colapso del sector comercial riojano no responde a un solo factor, sino a una combinación asfixiante de variables económicas. Por un lado, la desregulación total de los alquileres comerciales ha llevado los precios a niveles inalcanzables. Paradójicamente, alquilar un local en el centro de La Rioja hoy resulta más costoso que hacerlo en grandes urbes como Córdoba. Al no haber una nivelación del mercado, los propietarios fijan montos que los comerciantes, ante el desplome de las ventas, no pueden sostener.

A esto se suma el corte en la cadena de financiamiento. Ante el alto índice de deudores, los bancos han restringido drásticamente el otorgamiento de préstamos. Las compras en cuotas, motor fundamental para rubros como el de los electrodomésticos, se han frenado en seco porque los clientes no pueden asumir nuevas deudas ni garantizar el pago de las mismas.

El cierre de cada uno de estos 40 locales no es solo una estadística; representa un golpe directo al empleo formal e informal. Es el propietario que quiebra, los empleados de atención al público que se quedan en la calle, y toda la red de proveedores —desde el que vende el café hasta el personal de limpieza— que pierde su fuente de ingresos.

«Elegir entre comer o pagar los impuestos»

El impacto de la crisis trasciende las vidrieras comerciales y cala hondo en la economía doméstica de los riojanos. El aumento desmedido del costo de vida ha pulverizado el poder adquisitivo, forzando a los ciudadanos a tomar decisiones drásticas en su día a día.

«Estamos en un momento en que tenemos que elegir si comer, si vestirnos, o pagar un servicio», fue la contundente radiografía trazada durante la emisión de Medios Provincia. La situación ha llegado a tal extremo que muchos usuarios han dado de baja sus abonos de telefonía celular por no poder costearlos. Aún más alarmante es el escenario de los servicios básicos: se multiplican los reportes en los barrios de familias a las que les cortan el suministro eléctrico y, por desesperación, terminan colgándose de la red.

El uso del dinero plástico refleja también esta distorsión económica. Si antes las tarjetas de crédito se reservaban para compras excepcionales o bienes durables, hoy se han convertido en la única herramienta de supervivencia para acceder a los alimentos básicos diarios. Un salvavidas de plomo que, al llegar el resumen a fin de mes, resulta imposible de pagar, generando una bola de nieve de intereses y morosidad.

La crisis comercial en La Rioja es el espejo de una recesión nacional que, lejos de mostrar señales de reactivación, parece profundizarse, dejando al centro capitalino como un testigo silencioso de una economía asfixiada.

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