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El eco de la fractura en el norte: cómo impacta en La Rioja el año de Cristina Kirchner presa y la ruptura con Kicillof

A un año de la ratificación de la condena de la Corte Suprema, el peronismo riojano asiste al vaciamiento de la conducción centralizada y procesa el costo de haber apostado por la renovación. El rol de Quintela como emergente de la discordia bonaerense.

LA RIOJA.– El almanaque político marca este miércoles 10 de junio un aniversario incómodo para el peronismo de todo el país, pero con un anclaje de particular tensión en el Norte Grande. Se cumple un año desde que la Corte Suprema de Justicia ratificó la condena a seis años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos a Cristina Fernández de Kirchner por la Causa Vialidad. Con la expresidenta cumpliendo prisión domiciliaria, los hilos del poder en el Partido Justicialista se tensaron al límite de la resistencia, exponiendo en suelo riojano las esquirlas de una ruptura que en el AMBA ya no tiene retorno: el divorcio político entre la exmandataria y el gobernador bonaerense, Axel Kicillof.

Para el peronismo de La Rioja, que históricamente ha buscado amparo en liderazgos nacionales fuertes para apalancar la gestión local, la radiografía de esta fractura expone una realidad crudísima. La provincia no fue una espectadora pasiva de la crisis, sino el escenario donde se terminó de corporizar el tercer hito del desencuentro entre el kirchnerismo duro y el kicillofismo: la fallida interna por la conducción del PJ nacional.

Los tres hitos que dinamitaron la confianza

La distancia entre la expresidenta y su otrora «niño mimado» de la economía no se gestó en el encierro actual, sino en una secuencia de desobediencias que el ala dura de La Cámpora, comandada por Máximo Kirchner, guardó en un inventario de rencores.

  • La intervención del gabinete (2021): El primer quiebre severo ocurrió tras la derrota electoral de 2021 frente a Diego Santilli. Cristina Kirchner obligó a Kicillof a entregar la cabeza de su mano derecha, Carlos Bianco, para entronizar a Martín Insaurralde en la Jefatura de Gabinete bonaerense. Aquella humillación política sembró la semilla de la resistencia en La Plata.
  • El «no» a la candidatura presidencial (2023): En junio de 2023, Kicillof resistió el soplido del Instituto Patria que pretendía subirlo a la carrera presidencial para dejarle la provincia a un armador camporista. El gobernador prefirió atrincherarse en el principal distrito del país. «Ahí se terminó de romper todo. Le dijo en la cara: ‘Ya no me conducís'», analiza hoy un dirigente que conoce al dedillo esa bitácora de desencuentros.
  • El factor riojano en la interna del PJ: Fue el golpe de gracia. Cuando Cristina Kirchner buscó la presidencia del PJ nacional esperando un «operativo clamor», Kicillof ensayó un silencio sepulcral. En los despachos del kirchnerismo duro están convencidos de que el bonaerense operó activamente en las sombras para financiar y sostener la candidatura del gobernador riojano, Ricardo Quintela, quien amagó con disputarle el sillón partidario hasta el último minuto.

«Hay momentos en que se definen cosas importantes y no podés mirar para otro lado», recriminan hoy desde la mesa chica de La Cámpora, apuntando al tibio posicionamiento de Kicillof respecto a la situación judicial de la expresidenta.

La Rioja y el costo del alineamiento

En la escena local, el año de Cristina en prisión domiciliaria obligó al peronismo riojano a recalcular su estrategia de supervivencia frente al gobierno de Javier Milei. La provincia, que supo ensayar una rebeldía conceptual de la mano del kicillofismo y el federalismo del norte, hoy digiere el costo de haber quedado atrapada en el fuego cruzado bonaerense.

Mientras el entorno de la expresidenta le reprocha a Kicillof una total frialdad humana —incluso criticando que no se haya comunicado tras su intervención quirúrgica en diciembre pasado—, en La Rioja la preocupación pasa por la falta de un comando centralizado que ordene la resistencia opositora.

La última charla entre Cristina y Kicillof data de octubre del año pasado, previo al nuevo triunfo de Diego Santilli, reconvertido en pieza clave de la arquitectura libertaria nacional. Desde entonces, el silencio entre ambos es total. Para La Rioja, ese teléfono cortado entre La Plata y el departamento de la Recoleta representa el laberinto más complejo: el de un peronismo que no logra definir si su futuro pasa por la resistencia nostálgica o por la dolorosa renovación dirigencial.

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