En medio de la tensión con Nación, el gobernador y el intendente Armando Molina firmaron un convenio con el obispo Dante Braida. Buscan disputar el sentido histórico y contener el tejido social en los barrios.
El gobernador Ricardo Quintela movió una ficha de fuerte peso simbólico y político en el territorio riojano. En un acuerdo que busca entrelazar la militancia social con la estructura eclesiástica, la provincia y el municipio de la Capital sellaron una alianza con el obispado local para poner en marcha el Museo Diocesano «Monseñor Enrique Angelelli».
El convenio, firmado por el obispo Dante Braida, el secretario general de la Gobernación, Jorge Ricardo Herrera, y el intendente capitalino, Armando Molina, tiene un trasfondo que excede lo puramente cultural: en el peronismo riojano leen la movida como una consolidación del «pastorado con un oído en el pueblo», una bandera histórica que la gestión provincial busca levantar frente al ajuste de la Casa Rosada.
«El objetivo es consolidar al museo como un espacio público abierto a la comunidad, investigadores y visitantes, con el respaldo institucional necesario para facilitar el acceso al patrimonio cultural», explicaron fuentes oficiales que caminaron la rosca del acuerdo, del que también formó parte la secretaria de Culturas provincial, Patricia Herrera.
Un equilibrio de poder: La Iglesia retiene el control
El armado del convenio no fue azaroso y demandó semanas de sintonía fina para no herir susceptibilidades en la curia. «La Iglesia conserva la titularidad institucional», repiten en el obispado para dejar en claro que el Estado aporta el financiamiento y la logística, pero no el control doctrinario.
El texto del acuerdo establece taxativamente que el museo depende en forma directa del obispado de La Rioja, que retiene «la dirección general, la custodia canónica y la autoridad superior sobre el espacio».
El convenio deja expresamente aclarado que la participación de los organismos estatales no implica transferencia de dominio, copropiedad ni modificación alguna de su carácter jurídico eclesiástico.
En la gobernación aceptaron estas condiciones sin chistar. Saben que la figura de Angelelli, asesinado por la última dictadura militar y beatificado en 2019, es un activo político y espiritual indisoluble de la identidad riojana.
Sede provisoria y la Mesa Técnica
Por el momento, el museo arrancará en un terreno conocido. El obispado pondrá a disposición, de manera provisoria, un sector del edificio episcopal ubicado sobre la calle San Nicolás de Bari 560. «El museo funcionará temporalmente en el histórico Salón San Nicolás hasta que las partes avancen en la búsqueda y gestión de una sede definitiva acorde a los objetivos patrimoniales de la institución», detallaron a este medio.
El esquema de funcionamiento será mixto:
- El patrimonio: El obispado aportará documentación, objetos litúrgicos, piezas artísticas y materiales históricos vinculados al beato Enrique Angelelli.
- El aporte estatal: La Secretaría de Culturas y el municipio de Armando Molina podrán incorporar piezas y documentos bajo la modalidad de comodato con cargo.
- La botonera: La conducción quedará en manos de un director designado exclusivamente por el obispado, pero se conformará una «mesa técnica de articulación institucional» con representantes de todas las partes para coordinar el día a día.
El convenio tiene una vigencia inicial de dos años con renovación automática. En el entorno de Quintela y Molina se entusiasman con que el espacio se convierta no solo en un punto de resistencia cultural, sino también en un nodo de turismo religioso que oxigene la economía local en un año que se perfila complejo.





