A diferencia de La Rioja, en Santiago del Estero se ve un cambio en toda la provincia. El Estado en su verdadero rol y la inversión privada en cada rincón, los santiagueños coinciden que “la década ganada” está presente en su provincia.
Mientras que en la capital riojana se oponen a la peatonalización del centro, en Santiago del Estero crece en todos los sentidos, ya que ha sido un beneficio para la actividad comercial.
Mientras que los bonsái políticos riojanos han apostado que nunca los gobiernos provincial y municipal hayan trabajado en conjunto, en la capital santiagueña existe una fuerte inversión en materia de obra pública en toda la ciudad, como en cada rincón provincial.
Shopping, estación terminal de omnibús (limpia), autódromo, cadena de hoteles, costanera, puentes, hipermercados, autopistas, parque temático, tren aéreo, arte urbano de la mano de la cultura local, zona exclusiva para restorán, museos, planes de viviendas sin calles de tierra, entre otras inversiones, es el resultado que los bonsái políticos no buscan la destrucción sino todo lo contrario: que tras la salida del gobierno, la comunidad recuerde su obra.
Frente a ello, el peronismo riojano deberá hacer una verdadera autocrítica, tras la Presidencia de Carlos Menem y la década ganada del matrimonio Kirchner. En la década de los ´90, La Rioja fue la primera provincia que más recursos recibió y en la época K es la segunda.
Hoy solo se muestra dos piletas en el Parque de la Ciudad y un Superdomo cerrado, pese que en La Rioja siempre hace calor. Un viejo estadio con tribunas nuevas, un camino perilago en el dique Los Sauces sin terminar, como el abandonado ex Complejo estatal Fénix (ex hotel Sussex) y el sueño que alguna vez se construyan los caminos a Chilecito y Chilecito.
Y lo nuevo son barrios con calles de tierra y las casas en donde durante tres días de lluvia (este fin de semana), las goteras fueron quienes dieron la bienvenida a los adjudicatorios de los planes habitacionales.






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