El creerse de Cambiemos los aleja de la Gobernación

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La Capital ha sido un termómetro de los enojos de la clase media (principal proveedor del Estado) con el peronismo, que gobierna desde la vuelta a la democracia. Cada vez que se incrementaba la bronca social de esa franja, el justicialismo tenía una salvación: alguna crisis nacional.

Raúl Alfonsín fue presidente con Carlos Menem como gobernador, y luego Fernando de la Rúa con Ángel Maza y cuando hacía presumir que sería el momento del radicalismo, explotaba el país. La llegada de Mauricio Macri también reforzó esa posibilidad para que sus aliados le arrebaten la Gobernación al Justicialismo. Si se analizaba hace un año y medio atrás, existían amplias chances, hoy se deberá abrir las urnas para conocer el resultado.

La derrota de Luis Beder Herrera en manos de la dupla Héctor Olivares y Karina Molina en el 2015 fue el primer gran golpe que sufrió el oficialismo y luego otra estocada fue la victoria de Julio Martínez e Inés Brizuela y Doria sobre Carlos Menem en el 2017. Allí parecía el final político de Beder Herrera que se recluyó en su vivienda y lo expulsaron del PJ para que quedara en manos de Sergio Casas.

Pero Martínez y Brizuela y Doria, la sociedad en el radicalismo local, cometió el error que hacen la mayoría de los políticos: creer que el 2019 era sólo un trámite. Por eso, nunca construyeron poder político real o bajaron alguna política -que no sea de maquillaje- a una Rioja, que vota según su bolsillo. En esta provincia se votó a Menem, los Kirchner y Macri, ya que daban la tranquilidad del pago de salarios por la administración provincial peronista. El macrismo critica a los trabajadores públicos o piden reactivar la economía y los propios socios de Macri se oponen a la minería.

Especialmente el radicalismo, ya que el PRO nunca lo demostró, aceptó que la Nación oxigenara al intendente Alberto Paredes Urquiza para limar el poder del PJ, hoy en manos de Casas. Todos esos gestos eran aplaudidos hasta que una mente fría macrista vio que el jefe comunal sería también oponente el año que viene, como sucederá.

Paredes Urquiza pidió internas a Martínez y éste no se las dio, y por ello, ratificó que será candidato por el partido Encuentro por La Rioja.

 

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Así el radicalismo repite la historia de considerar que un triunfo legislativo lo llevará a la Casa de Gobierno. Por lo bajo a Martínez se lo consideraba “sandía” porque crecía “echado”. Eso fue hasta que la crisis le explotó al Presidente y las malas llegaron a los hogares de aquellos que le creyeron y hoy no saben cómo llegar a fin de mes. Los timbreos son una película de terror para la dirigencia (no saben que puede pasar).

Alguna vez Beder Herrera se quejó que los pobres habían votado a Macri y lo hacía con números fríos, tras la derrota del peronismo en el 2015. No estaba errado, ya que los barrios más humildes habían “comprado” el discurso de la “nueva política”. Ese target cambió notablemente y por ello, el ex gobernador salió a caminar los barrios solo para tomar mate, dejar su discurso o posición política, ya que quiere volver.

Mientras que Casas se encontró con la conducción del partido y luego el casismo lo lanzó para una reelección, según el gobierno, que está habilitado. Pero allí se une todo el arco opositor para rechazar esa idea del despacho gubernamental.

Si esto se escribía hace un año y medio atrás hubiera sido una fogata (puro humo), ya que la fortaleza nacional ubicaba a sus representantes con toda la fuerza para ingresar a la Casa de las Tejas. Hoy los radicales de Cambiemos tienen el gran problema: sin pata peronista. Siguen con el acompañamiento de una franja, pero no es la misma de las legislativas.

Es muy fácil entender: la gente habla de los mates de Beder Herrera, que hasta ayer era uno de los más odiados de la política local. Se mide él mismo en los bares céntricos o sale de compras a los hipermercados.

La sociedad ve con buenos ojos a Casas, mientras lee varias veces la Constitución. Ricardo Quintela se ilusiona con este escenario. Y hasta Paredes Urquiza, el brazo peronista de Cambiemos, se lanzó solo para buscar la Gobernación.

El final es abierto para el 2019, ya que hoy nadie se puede declarar ganador. La crisis es la sombra del macrismo, pero su soberbia de creerse lo lleva a repensar la estrategia y hasta dudar que el año que viene será como el 2015 o el 2017.