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El plan silencioso de Juan Luna Corzo: la «caja», el pasado «Beder Boy» y la obsesión por suceder a Quintela

Mientras el Gobierno provincial cruje por el ajuste y los pedidos de renuncia, el jefe de Gabinete consolida su poder como el «número dos» indiscutido. Controla los recursos de la Jefatura, la Secretaría General y las SAPEM para construir su propia candidatura desde las sombras.


En medio de la tormenta política que sacude a La Rioja, con un Presupuesto 2026 de guerra y un gabinete en revisión permanente, una figura se mueve con sigilo pero con una acumulación de poder inédita: Juan Luna Corzo. El jefe de Gabinete no es solo el vocero de las malas noticias o el escudo del gobernador Ricardo Quintela ante los embates de la Nación; es el arquitecto de un proyecto personal que tiene un único objetivo: ser el sucesor.

Detrás de su perfil bajo y técnico, Luna Corzo opera como el verdadero «superministro» de la gestión. Lejos de los flashes, administra las estructuras financieras más sensibles de la provincia, construyendo una plataforma de poder propio que ya genera recelos en el peronismo local.

Las «cajas» del poder: Jefatura, Secretaría y SAPEM

La influencia de Luna Corzo no se basa en la carisma, sino en la lapicera. Su construcción política se sustenta en el manejo discrecional de tres resortes claves de la administración pública: las partidas de la Jefatura de Gabinete, los recursos de la Secretaría General de la Gobernación y, fundamentalmente, el control sobre las SAPEM (Sociedades Anónimas con Participación Estatal Mayoritaria).

Estas empresas estatales, verdaderas «cajas» políticas de la provincia, le permiten al funcionario tejer alianzas, distribuir recursos y consolidar una estructura territorial propia, independiente de la del Gobernador. Quienes conocen los pasillos de la Casa de las Tejas aseguran que hoy, en términos de manejo real de la gestión, Luna Corzo es el segundo hombre con más poder dentro del Gobierno, solo por detrás de Quintela.

El estigma de los «Beder Boy’s»

El ascenso de Luna Corzo no es casualidad, sino el resultado de una escuela política pragmática. El actual hombre fuerte del quintelismo lleva en su ADN la marca de origen del «bederismo». Fue uno de los integrantes prominentes de los denominados «Beder Boy’s», la estructura de jóvenes funcionarios sub-40 que armó y promovió el exgobernador Luis Beder Herrera durante su hegemonía.

De aquel semillero, Luna Corzo heredó la capacidad de mimetizarse con el poder de turno y la destreza para manejar los hilos invisibles de la administración. Hoy, esa experiencia se vuelca en su plan de sucesión. Mientras Quintela desgasta su figura en la pelea nacional contra Javier Milei y en la interna del PJ, su Jefe de Gabinete aprovecha el «perfil bajo» para posicionarse como la opción de recambio «natural» y ordenada.

¿Operación desgaste o estrategia de supervivencia?

Cuando Luna Corzo denuncia públicamente una «operación política de la Nación para ahogar a las provincias», no solo defiende las arcas riojanas; defiende la base de sustentación de su futuro político. Sin fondos, las «cajas» que administra pierden potencia, y su sueño de suceder a Quintela podría chocar contra la realidad de una provincia insolvente.

La inmensa mayoría de los riojanos «está peor», admitió el propio funcionario. Sin embargo, en la mesa chica del poder, la preocupación central parece ser otra: quién se quedará con el sillón principal cuando pase el temblor. Y Juan Luna Corzo, el ex «Beder Boy» que maneja la billetera del Estado, ya se prueba el traje de candidato.

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