Luz Santangelo, secretaria de Comunicación de la provincia, realizó un fuerte descargo tras ser cuestionada por asistir al recital. Aseguró que pagó los gastos con su tarjeta, calificó los escraches como una «persecución» y advirtió sobre una mirada «antidemocrática» hacia los empleados públicos.
La secretaria de Comunicación de La Rioja, Luz Santangelo, quedó en el centro de la escena política local tras la difusión de imágenes suyas asistiendo al recital de Shakira en la provincia de Córdoba. Ante la viralización de críticas y cuestionamientos en redes sociales sobre el uso de fondos y la oportunidad del viaje en medio de la crisis, la funcionaria eligió confrontar directamente a sus detractores con un duro comunicado.
En su defensa, Santangelo aclaró el origen de los fondos utilizados para el evento y minimizó el traslado geográfico. «Fui a ver a Shakira en Córdoba (acá al lado, no en el exterior). Pagué la entrada con mi tarjeta y todos los gastos con mis ingresos», sentenció, para luego remarcar: «No uso plata de otro lado para mi vida personal».
«Persecución» y vida privada
La funcionaria del gobierno de Ricardo Quintela apuntó contra la intencionalidad de las publicaciones que expusieron su actividad recreativa. «Si buscan escraches, búsquenlos en serio», desafió.
Para Santangelo, la difusión de su asistencia al show excede la labor informativa o el control ciudadano.
«Mostrar y perseguir la vida privada de una funcionaria no es periodismo ni militancia opositora: es persecución», afirmó, denunciando una degradación de la discusión pública al confundir «problemas reales, urgentes y honestos» con cuestiones personales.
La crisis social y el rol del funcionario
En uno de los pasajes más irónicos y políticos de su descargo, la secretaria vinculó las críticas con la situación social que atraviesa la provincia. «Dense por enterados: No puedo evitar que llueva en La Rioja», disparó, y agregó: «Si el hambre de los niños y niñas de nuestra provincia se resolviera con el valor de lo que sale una entrada, sin dudas lo hubiera hecho. El problema es mucho más profundo».
Finalmente, cerró su mensaje con una defensa corporativa del empleado estatal y su derecho al esparcimiento, advirtiendo sobre lo que considera un sesgo autoritario en los cuestionamientos. «Si ser trabajadora del ámbito público implica no poder vivir, disfrutar, circular o tener actividades propias, entonces el problema no es un recital: es una mirada profundamente antidemocrática sobre quienes elegimos trabajar para el Estado», argumentó.
Y concluyó ratificando su vocación: «Yo elegí trabajar en el Estado. Y trabajo un montón».





