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El plan de Martín Menem para La Rioja: gobernar «a control remoto», la carta de Gino Visconti y el sueño de la vicepresidencia

El titular de Diputados consolida su armado opositor con una estrategia 100% digital y sin pisar el territorio; mientras denuncia el «despilfarro» de Quintela, proyecta a un joven alfil para la gobernación y se imagina acompañando a Milei en la fórmula de 2027.


Martín Menem tiene una obsesión: gobernar La Rioja. Pero su hoja de ruta para alcanzar el sillón de Facundo Quiroga desafía todos los manuales del puntero tradicional. Sin aparato territorial clásico y con una presencia física casi nula en la provincia, el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación apuesta a que la indignación social y la tracción de las redes sociales sean suficientes para desbancar al peronismo.

Su ascenso fue meteórico y producto de la coyuntura. Pasó de ser diputado provincial a ocupar una banca nacional y la presidencia de la Cámara Baja impulsado por el «efecto enojo» hacia el oficialismo local. En una provincia cuya economía depende casi exclusivamente del empleo público —«una provincia que solo paga sueldos», como la definen en los pasillos libertarios—, Menem construyó su capital político denunciando que ni siquiera eso se hace bien.

La estrategia del delfín y la ambición nacional

Aunque su mirada está puesta en el control de la provincia, los planes de Menem vuelan más alto. En su círculo íntimo no ocultan que aspira a ser el candidato a vicepresidente en una eventual fórmula para la reelección de Javier Milei. Para eso, necesita retener La Rioja sin quedar atado a la gestión diaria provincial.

Aquí entra en juego la ingeniería electoral: Menem podría digitar que el joven diputado nacional Gino Visconti sea el candidato a gobernador. Visconti, de perfil técnico y lealtad probada, encajaría en el esquema de un gobierno alineado con la Casa Rosada, permitiéndole a Menem mantener la influencia sin el desgaste del día a día.

«Agujeros negros» y comunicación digital

La campaña ya empezó y el campo de batalla es virtual. «Menem cuando le habla a los riojanos lo hace a través de las redes sociales y con eso alcanza», aseguran sus estrategas. Un ejemplo claro es su última aparición digital, donde con un tono quirúrgico enumeró los «agujeros negros» de la gestión de Ricardo Quintela, buscando romper el relato de la falta de fondos nacionales.

En su mensaje, Menem disparó munición gruesa con datos precisos: «Crearon la empresa estatal Alas de La Rioja que gastaba 98 millones de pesos por mes… un total de más de 11 millones de dólares», denunció, contrastando esos gastos con la precariedad salarial de médicos y docentes. También apuntó contra el «chiste de mantener el Club Atlético Riachuelo» con un costo de «más de 9 millones y medio de dólares» y la organización de torneos de pádel gestionados por familiares del poder.

«La plata que manda Nación siempre llegó a La Rioja, pero llegó a los funcionarios, nunca llegó al bolsillo de los riojanos», sentenció Menem, buscando instalar que el problema es de administración y corrupción, no de coparticipación.

El interrogante del territorio

Sin embargo, en la política real, la virtualidad tiene un límite. La pregunta de fondo que inquieta incluso a sus aliados es hasta dónde lo aguantará su votante sin pisar el territorio. La Rioja es una provincia de cercanía, donde el «cara a cara» históricamente define elecciones.

La apuesta de Menem es arriesgada: cree que el cambio de época y el hartazgo con el modelo de Quintela —a quien acusa de «patinarse» millones en empresas estatales deficitarias como Vidrios Riojanos o en «artistas como Lali Espósito»— pesan más que la ausencia física. Si la estrategia del «gobierno a distancia» funciona, Menem habrá reescrito las reglas de la política provincial; si falla, la realidad territorial podría cobrarle caro su ambición nacional.


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