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Operativo supervivencia en La Rioja: Quintela resiste «con las botas puestas» e impulsa la Ley de Lemas para frenar a los libertarios

Ante un 2026 que se proyecta «tenebroso» por la asfixia financiera, el gobernador desempolva su perfil más combativo y diseña una ingeniería electoral de alto riesgo para febrero de 2027; tensión con Martín Menem por la Boleta Única y la rebelión interna del PJ que teme un «tsunami» político.


Ricardo Quintela eligió su destino: no negociará una rendición anticipada. En la intimidad de la residencia oficial, el mandatario dejó en claro que «morirá con las botas puestas», una frase que no sorprende a quienes conocen su trayectoria. El «Gitano» replicará la misma lógica de confrontación total que desplegó años atrás, cuando era intendente de la capital y se atrincheró ante el poder provincial de turno. Esta vez, sin embargo, el enemigo es la Casa Rosada y la caja es significativamente más chica.

El gobernador visualiza un panorama tenebroso para el 2026. La falta de fondos nacionales, profundizada por la motosierra de Javier Milei, amenaza con paralizar la gestión. Sin recursos para obras ni margen para aumentos salariales que ganen la calle, el oficialismo riojano apuesta todo a la ingeniería electoral para retener el poder.

La «carnicería» de los Lemas

Ante la ausencia de un sucesor natural y la imposibilidad de reelegir, el «quintelismo» puso en marcha un plan audaz y polémico: instaurar la Ley de Lemas. El objetivo es convertir la elección en una «carnicería» política donde la sumatoria de múltiples candidatos oficialistas —por más disímiles que sean— termine depositando los votos en un mismo cesto para garantizar un gobernador peronista. «Necesitamos que los votos de todos den un gobernador», sintetizan en la mesa chica, admitiendo que ningún candidato por sí solo alcanza para frenar a la oposición.

Sin embargo, el remedio podría ser peor que la enfermedad. Un sector importante del peronismo tradicional rechaza esa «idea alocada». Advierten que modificar las reglas de juego de forma tan grosera podría desatar un «tsunami» para el partido, castigando la marca PJ de manera irreversible. Este sector disidente exige, en cambio, la realización de elecciones internas transparentes para legitimar un liderazgo genuino, lejos de los artilugios de laboratorio.

Febrero, la Chaya y el factor Menem

La estrategia oficialista incluye una manipulación del calendario. El plan de máxima es convocar a las elecciones provinciales en febrero de 2027, en plena celebración de la Chaya. El objetivo es doble: aprovechar el clima festivo local y, fundamentalmente, dejar sin campo de acción a La Libertad Avanza, adelantándose a cualquier armado nacional que pueda arrastrar votos en una elección unificada.

Desde la vereda de enfrente, Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados de la Nación y principal referente libertario en la provincia, marcó la cancha. Le exigió a Quintela que termine con las trampas de los viejos sistemas y adhiera a la Boleta Única de Papel, el sistema que se impone a nivel nacional.

La pulseada está planteada. Mientras Quintela intenta blindar la provincia con una muralla de lemas y fechas anticipadas, la duda corroe los cimientos del PJ: nadie garantiza que el peronismo llegue bien parado a febrero de 2027 si los recursos nacionales siguen brillando por su ausencia. La resistencia «con las botas puestas» puede ser heroica en el relato, pero suicida en las urnas.


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