El presidente pisó fuerte el viernes en el festival de doma y folklore acompañado por el titular de Diputados y su primo «Lule», los artífices de la movida. Fue una demostración de poder del ala riojana en el armado libertario. Mientras la política decodifica el mensaje, crece la expectativa sobre si el mandatario se animará a pisar el festival de La Chaya en febrero, en pleno territorio hostil y con una economía provincial asfixiada.
La imagen de la noche del viernes en Córdoba no dejó lugar a dudas sobre quién maneja la agenda política del interior en el entorno presidencial. Javier Milei irrumpió en el Festival de Jesús María y la postal fue un mensaje en sí misma: a su lado no estaban solo los referentes locales, sino el clan que hoy ostenta la llave del armado federal de La Libertad Avanza. Martín Menem, presidente de la Cámara de Diputados, fue el arquitecto intelectual y logístico del desembarco, secundado por la omnipresencia silenciosa de Eduardo «Lule» Menem, el operador todoterreno que blinda la estructura libertaria.
La jugada en tierras cordobesas expuso la centralidad que ganaron los riojanos en la mesa chica de Balcarce 50. Martín Menem no solo garantiza los votos en el Congreso, sino que ahora también diseña las bajadas al territorio del jefe de Estado. La ovación en el anfiteatro José Hernández funcionó como un tubo de ensayo exitoso para lo que el «menemismo libertario» planea como el próximo gran golpe de efecto.
¿Milei en La Chaya?
Con el antecedente fresco de Jesús María, en los pasillos del poder comenzó a circular con fuerza una pregunta que inquieta al peronismo del norte: ¿Estará el Presidente una noche en la Fiesta de la Chaya en febrero?
La hipótesis no es descabellada, pero sí de alto voltaje político. La Rioja es la tierra natal de los Menem, pero es también el feudo de Ricardo Quintela, uno de los gobernadores más críticos de la gestión nacional. Un desembarco de Milei en el festival mayor de la provincia se leería como una incursión directa en territorio enemigo, una mojanera política orquestada por Martín y Lule para desafiar la hegemonía del PJ local en su propia fiesta popular.
El desafío de ir a una provincia en rojo
Sin embargo, la posible visita choca con una realidad económica devastadora que los Menem conocen bien. Si Milei pisa La Rioja en febrero, llegará a una provincia que atraviesa su peor crisis en décadas. Los números del ajuste son lapidarios: la inversión real directa de la Nación en la provincia se desplomó un 99,1% en 2025 respecto al último año de gestión peronista.
El contraste sería brutal. Mientras el Presidente podría saludar desde un palco en el autódromo, la provincia cruje por el desempleo y la deuda.
Según los últimos informes privados, La Rioja es el segundo distrito del país con mayor destrucción de empleo privado, con una caída del 12,9% desde la asunción de Milei. Además, las cuentas provinciales entraron en déficit financiero en el tercer trimestre del año pasado, asfixiadas por una deuda pública que representa el 56,4% de sus ingresos totales y que está nominada en un 95,1% en dólares.
La pulseada final
Para Martín Menem, llevar a Milei a La Chaya sería la coronación de su estrategia de acumulación política y un mensaje directo a la gobernación: la Nación no envía fondos para obras —la inversión en construcciones cayó un 99,2% interanual—, pero sí «baja» al territorio para disputar el capital simbólico y cultural.
La moneda está en el aire. Si Lule y Martín logran convencer al Presidente de repetir la foto de Jesús María en el suelo riojano, febrero marcará un antes y un después en la batalla por el poder provincial de 2027.





