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El ajedrez del PJ para 2027: Quintela se anota en la carrera presidencial pero se ofrece como el armador de Kicillof en el interior

El gobernador de La Rioja inició un raid nacional para vender su «modelo riojano» y contener al peronismo no kirchnerista. Su doble juego: la ambición de integrar una fórmula o convertirse en el jefe de campaña del mandatario bonaerense.

A paso lento pero con un libreto sumamente estudiado, el gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, decidió acelerar su instalación nacional de cara a la reconfiguración del mapa peronista para 2027. El mandatario provincial blanqueó ante su mesa chica una ambición que ya venía insinuando en sus recurrentes incursiones porteñas: sumarse formalmente a la grilla de largada presidencial, aunque bajo una estrategia de extremo pragmatismo político que contempla, de ser necesario, bajarse para convertirse en el principal sostén federal de Axel Kicillof.

La jugada se terminó de delinear puertas adentro de la gobernación riojana, donde Quintela reunió a sus colaboradores de máxima confianza. En una suerte de borrador táctico, el mandatario repasó las variables de la oposición y dejó una definición contundente: «Nosotros también nos anotamos». Sin embargo, en el quinterismo se apuran en aclarar que la iniciativa no busca una colisión frontal con el gobernador de la provincia de Buenos Aires, con quien hilvanó una sólida relación política que incluyó la visita de Kicillof a suelo riojano para la jura de la nueva Constitución provincial.

En los laboratorios del PJ riojano configuran tres escenarios posibles para la confluencia con el bonaerense: que Quintela dispute una candidatura a vicepresidente en una fórmula de unidad, que asome como un eventual Ministro del Interior de corte netamente federal o que, de mínima, actúe como el jefe de campaña del interior de Kicillof. «Lo que quiere Ricardo es que gane el peronismo», resumen cerca del riojano para bajarle el tono a cualquier foco de interna temprana.

Un «road trip» por el peronismo periférico

Para dotar de volumen político a sus aspiraciones, Quintela inició un raid por las provincias enfocado en recolectar terminales del peronismo no kirchnerista que quedaron huérfanas tras el recambio institucional. La estrategia emula, según describen en su entorno, el armado capilar que ensayó Alberto Fernández antes de su unción en 2019.

El primer hito de ese periplo tuvo lugar en Corrientes, donde el riojano apadrinó el lanzamiento de Renacer Correntino, un espacio integrado por dirigentes justicialistas distanciados del Instituto Patria que tejieron acuerdos con el radical tradicional Ricardo Colombi. La agenda federal contemplaba además un desembarco de intendentes de Córdoba y Santa Fe en La Rioja, el cual debió ser postergado debido al fuerte impacto local que causó el femicidio de la joven Agustina Vega en la provincia norteña.

Este despliegue territorial es la continuidad del posicionamiento que Quintela buscó imprimirle a su figura semanas atrás en un masivo acto en Parque Norte. Allí, con el aval subterráneo de varios mandatarios provinciales —incluidos Kicillof y el tucumano Osvaldo Jaldo, quienes enviaron delegaciones propias para evitar una foto de ruptura prematura—, el riojanismo avisó que está dispuesto a dar la batalla por el control del Partido Justicialista frente a las estructuras tradicionales del conurbano bonaerense.

Las luces y sombras del «modelo riojano»

El principal producto de exportación que Quintela exhibe en sus entrevistas con medios del interior, es el denominado «modelo riojano». Con una retórica marcadamente estatista, el gobernador saca pecho por la administración de unas 40 empresas públicas —entre las que destaca un parque solar híbrido—, el congelamiento de tarifas energéticas y la reducción del 20% en las cuotas de las viviendas sociales. Además, exhibe su perfil más duro ante el sector privado: mantiene bloqueada la adhesión de su provincia al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), una herramienta clave que desvela a las corporaciones mineras. «No vienen a hacer caridad, tienen que derramar generosamente», suele repetir.

Sin embargo, el traje de presidenciable de Quintela choca de frente con las severas restricciones financieras que padece su pago chico debido al torniquete de fondos que aplica la Casa Rosada. El propio gobernador debió admitir que en julio la provincia volverá a pagar el medio aguinaldo de los empleados públicos mediante la emisión de los «Chachos», el Bono de Cancelación de Deuda que debió rescatar del archivo tras denunciar el bloqueo sistemático de los adelantos de coparticipación por parte del Palacio de Hacienda.

A ese frente financiero asfixiante se le suma un componente de debilidad doméstica. El presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Martín Menem, consolidó su rol como el enemigo íntimo del quinterismo en el territorio y trabaja activamente para disputarle el control de la provincia en los turnos electorales venideros. Para Quintela, la proyección nacional funciona también como un escudo político indispensable: demostrar que se puede resistir al plan de shock de Javier Milei sin ayuda de Buenos Aires y, en el proceso, transformarse en una pieza clave de la arquitectura peronista que viene.

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