La secretaria de Transporte de La Rioja, Alcira Brizuela, participó del encuentro bilateral en Copiapó, un foro clave para el postergado corredor bioceánico. Sin embargo, el optimismo oficial choca contra las asimetrías de financiamiento y la parálisis de la obra pública nacional.
En el tablero de la diplomacia regional, los gestos suelen preceder a los desembolsos, aunque no siempre los garantizan. La participación de la secretaria de Transporte de La Rioja, Alcira Brizuela, en el plenario de Atacalar 2026 celebrado en Copiapó, Chile, volvió a encender los focos sobre un proyecto tan ambicioso como esquivo: la integración fronteriza y el ansiado corredor hacia los puertos del Pacífico.
A través de sus canales oficiales, la funcionaria riojana buscó apuntalar la narrativa de la cooperación bilateral: «En Copiapó participamos del ATACALAR 2026 para seguir fortaleciendo el vínculo con el hermano país de Chile y Argentina», sintetizó Brizuela, exhibiendo una sintonía política que, fronteras adentro, enfrenta un escenario marcadamente más complejo.
El foro Atacalar —que nuclea a las provincias del NOA y la Tercera Región de Chile— se reinstala en la agenda en un momento donde el federalismo argentino redefine sus estrategias de supervivencia. Ante el repliegue de los fondos de la administración central para infraestructura vial, los gobernadores norteños intentan reflotar canales directos con el exterior. La Rioja, históricamente ligada al Paso de Pircas Negras, necesita que el corredor deje de ser una declaración de buenos deseos para transformarse en una alternativa logística real frente a la saturación del Paso de Cristo Redentor en Mendoza.
Sin embargo, los observadores del sector advierten que la retórica del «vínculo fortalecido» choca de frente con las asimetrías operativas. Mientras que del lado chileno la infraestructura portuaria y de conectividad en la región de Atacama mantiene un ritmo de inversión sostenido, del lado argentino el congelamiento de la obra pública nacional transformó el mantenimiento de las rutas cordilleranas en un desafío estrictamente provincial.
El verdadero nudo gordiano del encuentro en Copiapó no pasa por la sintonía protocolar, sino por la capacidad real de financiamiento en un contexto de restricción absoluta. Para La Rioja, el corredor bioceánico es una llave de salida para la producción local y regional hacia los mercados asiáticos. Para que ese flujo ocurra, los despachos oficiales requerirán algo más que diplomacia subnacional: necesitarán ingeniería financiera en un invierno económico que recién empieza a mostrar sus cartas.





